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19 de Enero de 2009
Contaminación del aire e hídrica
El incremento de las áreas naturales urbanas, una clave para paliar problemas ambientales porteños
19-01-2009 / La Ciudad de Buenos Aires no sólo enfrenta problemas de administración política y económica. El medio ambiente presenta varias complicaciones como inundaciones, la contaminación hídrica, la degradación de las costas, el ruido, la contaminación del aire y el manejo inadecuado de los residuos.
Areas como la Reserva Ecológica pueden ayudar a paliar los efectos nocivos de la contaminación
Los problemas ambientales más serios detectados en la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana están determinados por las inundaciones, la contaminación hídrica, la degradación de las costas, el ruido, la contaminación del aire, el manejo inadecuado de los residuos y la pérdida de los espacios verdes.
Problemas éstos, con excepción de los residuos, a ser abordados por separado, que podrían verse mitigados por un incremento de las áreas naturales urbanas.
Las reservas urbanas pueden, con una buena planificación y manejo, contribuir a mejorar y enriquecer la calidad del ambiente y la salud de la población, ya sea protegiendo suelos en laderas, conservando cuencas o descontaminando aguas, atenuando las crecientes de los ríos para minimizar el impacto de las inundaciones, entre otros beneficios.
Los especialistas coinciden en que la primera recomendación para una ciudad más saludable y más agradable, consiste en la recuperación de espacios verdes.
Con una superficie total de 203 kilómetros cuadrados y una densidad poblacional de 13.679,6 habitantes por km2, la ciudad cuenta con tan sólo unas 600 hectáreas de espacios verdes parquizadas.
El promedio oficial de espacio verde por habitante es de 3,7 m2 por habitante, pero se trata de una construcción estadística. La realidad de cemento indica que la cifra neta es inferior a los 2 metros y la Reserva Ecológica Costanera Sur, única en su tipo en el área metropolitana, agrega por su extensión 1,17 m2 por habitante.
La Organización Mundial de la Salud recomienda a las ciudades que dispongan de 10 m2 como mínimo de áreas verdes por habitante, con la indicación de elevar el porcentaje a 15 m2.
Un informe de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas señala que “un grave problema que surge en la mayoria de los barrios porteños es la distancia existente entre las plazas y las viviendas que deben recurrir a dichas plazas. Propio de las grandes ciudades, las distancias se transforman en barreras que no se superan y generan problemas”.
El informe aconseja acordar con el Estado nacional la transferencia de las tierras de su dominio (antiguas playas de estaciones ferroviaras, cárceles a demoler) y que suman en el radio de la ciudad 344, 5 hectáreas. De reconvertirlas en su totalidad, se aumentaría en 1,15 m2 por habitante la superficie de espacios verdes.
“Desde el comienzo de la gestión se realizó la puesta en valor de 20 espacios verdes”, aducen desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad y citan las plazas Ricchieri, Pugliese, Unidad Latinoamericana, Palacios y el Parque Saavedra, entre otros.
“Nuestro objetivo para toda la gestión es revitalizar más de 100 plazas, crear 20 nuevos espacios públicos y 2 plazas de estimulación temprana (para niños de 0 a 4 años)”, prometen.
¿Alcanza? Para Eduardo Haene, director educativo de la Fundación Aves Argentinas, no se trata sólo de incrementar la cantidad sino la calidad de espacios verdes
“Aves Argentinas promueve constituir reservas naturales urbanas y jardines con plantas nativas amigables con las aves –explica–. La idea de la propuesta es mantener o recrear espacios con vegetación originaria como la manera más efectiva de conservar aves y mariposas silvestres en la ciudad.”
Un relevamiento refleja que la Costanera Sur (con ejemplares nativos) constituye hogar para 250 especies de aves, en tanto que el Parque 3 de Febrero que el presidente Sarmiento, fiel a su concepto de progreso, pobló de plantas exóticas, apenas cobija medio centenar.
Otro mala elección se expone en las veredas rotas por raíces de ejemplares añosos poco aptos para medios urbanos, “cuando deberían privilegiarse especies nativas que no tengan raíces leñosas”, diferencia.
AIRE. La calidad del aire está íntimamente relacionada con la salud. Los seres humanos respiramos entre 800 y 1.000 litros de aire por hora, en nuestras casas, en las calles, oficinas, plazas.
En los lugares abiertos, los principales factores contaminantes del aire provienen del transporte automotor, las industrias, las centrales termoeléctricas y los aeropuertos.
“A diferencia de otras grandes urbes como Ciudad de México o Santiago de Chile, la calidad del aire que tenemos en Buenos Aires no es mala –explica el ingeniero Eduado Ortiz, asesor de la Comisión Técnica de Calidad del Aire de la Agencia Ambiental porteña–. La morfología y la planicie ayudan, y está barrida por el viento del lado del río.”
Sin embargo, “hay momentos, claramente identificados con la densidad del tránsito, que algunos parámetros suben los valores límite para mantener este estándar”, acota.
Lo más alarmante en opinión del especialista es que “estos valores nocivos van subiendo con el tiempo. La cantidad de vehículos y la inefectividad de los controles son sus causas principales. El parque de omnibus debería ser renovado en gan parte, pero siguen en servicio unidades arcaicas, con alto grado de deficiencia”.
Careciendo de la regulación de un Plan Urbano Vehicular, “vivimos en una ciudad trabada por las barreras y sin sincronización de onda verde, lo que redunda en baja velocidad vehicular y mayor emisión de monóxido de carbono y material particulado, propio de los motores diesel”.
Con el reemplazo de componentes químicos en las naftas para cortes más livianos (benceno, cilueno), los autos debieron incorporar catalizadores que cumplen un ciclo útil.
Pero los propietarios suelen “olvidarse” de reemplazar esta pieza, lo que deriva en un doble caudal contaminante.
En las características de los controles, “que son estáticos y no dinámicos reside gran parte de su falibilidad”. Por otra parte, “la policía desistió de controlar en las rutas (que comunican la ciudad con provincia), porque al existir tanto intercambio vehícular y no existir una reglamentación uniforme entre ambas jurisdicciones, se hace completamente ineficaz”.
RUIDO. Aunque no existen rankings confiables, la percepción del turista indica que Buenos Aires es una ciudad ruidosa, incluso con los parámetros de otras grandes urbes como San Pablo.
La Organización Mundial de la Salud fija el máximo tolerable en 55 dB (decibeles), mientras que en la ciudad se registran promedios de 80 dB y picos sonoros superiores a 100 dB.
El transporte colectivo automotor de pasajeros, el servicio ferroviario y la proximidad del aeroparque se encuentran entre las principales fuentes de ruido ambiental o doméstico.
El ruido provoca problemas auditivos graves, trastornos del sueño, conductas agresivas, problemas cardíacos y, por sobre todo, estrés.
“Existen peligrosas señales de enmascaramiento del ruido, por ejemplo en el volumen de los equipos de Mp3, que son muy dañinos para el sistema nervioso –revela Silvia Cabeza, presidenta de la Asociación Civil Oír Mejor.
“Ocurre que el oído tiene débiles mecanismos de defensa ante semejante agresión sonora y son cada vez más comunes los casos de acufena o tinitus, que se manifiestan por un persistente zumbido”, añadió.
Si bien algunas normativas de países desarrollados (en Suiza, está prohibido el empleo de electrodomésticos después de las 22 horas), podrían resultar inaplicables en esta sociedad, la Ley 1540 de Control de la Contaminación Acústica faculta al Gobierno de la Ciudad para intervenir en el conflicto.
EL RIACHUELO Y EL CÓDIGO DEL ÁREA, ALGUNOS DE LOS ASUNTOS PENDIENTES PARA LA AGENDA 2009
Un documento elaborado por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), en colaboración con Greenpeace, Fundación Ecologista Verde, GAIA, Fundación Ambiente y Sociedad y Aves Argentinas destaca el Riachuelo, la Gestión de Residuos Sólidos Urbanos y el Código Ambiental de Buenos Aires como los temas prioritarios de la Agenda Ambiental de este año en la Ciudad.
“Resulta necesario que el Gobierno (porteño) extreme los esfuerzos para controlar el funcionamiento de las industrias situadas en la Ciudad de Buenos Aires y que vierten sus afluentes en la Cuenca Matanza Riachuelo”, señalan.
En cumplimiento de la ley que declara la Emergencia Ambiental de la zona, le exige “brindar adecuada asistencia y atención médica” a los efectados, “formar en cada uno de los hospitales del Riachuelo un Centro de Salud Ambiental” y “la eliminación de basurales” en toda la cuenca, entre otras medidas.
Paralelamente, solicitan al Gobierno “abstenerse de realizar obras y/o tomar decisiones que eventualmente puedan afectar al Plan de Saneamiento de la CMR, en especial en lo que se relaciona con la realización de obras de relleno costero como la denominada Península Ecológica, la que podría afectar el drenaje natural del Riachuelo y contribuir a degradar aun más un área crítica de la franja costera del Río de la Plata como es el Riachuelo”.
También reclaman los ambientalistas porteños la confección de “un Código Ambiental de acuerdo al mandato de su propia Constitución desde el año 1996”. Preocupa al FARN y a instituciones afines, “que a pesar de haberse comenzado un proceso de elaboración participada”, el oficialismo actual “no ha respondido ni manifestado su interés de continuar con este proceso”.
No obstante, reconocen las “propuestas concretas de regulación surgidas de los talleres participativos realizados, como son la incorporación de la Evaluación Ambiental Estratégica a la normativa porteña y “la incorporación del procedimiento
de elaboración participada de normas como mecanismo apto para mejorar la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones”.
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