Jueves 4 de octubre de 2007
Editorial II
Pilar: la reserva natural indefensa
La organización de la región metropolitana, que
incluye la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense,
es uno de los principales desafíos que tienen planteados
sus actuales administradores y, también, quienes en el
futuro desempeñen esas funciones. Sin embargo, ante el
acelerado desarrollo que ya está produciendo una estructura
similar a una megaciudad, el ordenamiento territorial es imprescindible
para construir un conglomerado sustentable.
En ese sentido, las reservas naturales urbanas son herramientas
de gestión usadas en las principales ciudades del mundo
para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Esas áreas
que contienen valores estéticos únicos fomentan
la imprescindible relación del hombre con su entorno,
brindan sitios para el esparcimiento, la educación ambiental,
la investigación, la capacitación y el turismo.
Al mismo tiempo, estos espacios naturales aseguran funciones
ecológicas vitales, como la protección de las
cuencas y costas, la conservación de especies emblemáticas
de nuestra fauna y flora, al mismo tiempo que actúan
como verdaderos pulmones verdes.
En cuanto a la región metropolitana se refiere, la información
compilada por la Fundación Aves Argentinas enseña
que hay solamente unas 14 reservas naturales en la región,
en general de escasa superficie, que sufren la presión
de otros proyectos que, desvalorizando sus funciones vitales,
intentan avanzar sobre sus límites.
Eso ocurre, por ejemplo, en el partido de Pilar, uno de los
centros de mayor crecimiento en el nivel nacional, mayormente
impulsado por barrios privados que incrementaron la población
y las actividades comerciales en la zona. Allí, en 2003,
vecinos congregados en la Asociación para la Protección
del Patrimonio Natural impulsaron la creación de la Reserva
Natural del Pilar, de unas 293 hectáreas de superficie,
que constituye el único espacio natural protegido de
ese distrito. El área, que ya cuenta con su plan de manejo,
es escenario habitual de actividades de la comunidad a favor
del ambiente, con un creciente eco por parte de los visitantes.
Sin embargo, esta iniciativa, por demás meritoria, está
atravesando un momento crítico. Debido a un proyecto
municipal de establecer una planta de tratamiento de residuos
cloacales en el sector de mayor valor, la reserva podría
verse parcialmente desafectada de su finalidad más positiva.
La Asociación para la Protección del Patrimonio
Natural de Pilar ha planteado la incompatibilidad de la existencia
de una planta de tratamiento cloacal con la conservación
de un espacio público de recreación y preservación
de la naturaleza, y ha presentado alternativas de locación
que compatibilizan ambos intereses. Hace algunos días,
en una conferencia organizada por LA NACION y la Fundación
Temaikén, el experto de origen japonés Takashi
Hamazaki reforzó la idea del papel del vecindario en
el uso racional de los recursos, en fomentar el consumo responsable
y en promover la conservación de la naturaleza a escala
local.
Es verdad sabida que en las grandes concentraciones urbanas
es difícil encontrar sitios en que el ser humano pueda
comulgar con la naturaleza y el aire libre, uno de los elementos
indispensables para mejorar su calidad de vida. Carece de toda
razonabilidad, entonces, poder disponer de uno de esos tan escasos
espacios y maltratarlo instalando en él nada menos que
una planta de tratamiento cloacal. La reserva de Pilar, al igual
que cualquier otra, no puede defenderse por sí sola y
se encuentra inerme frente a los desatinos de los funcionarios.
Un dato que valoriza aún más la firme actitud
de quienes se han plantado para preservarla en su integridad.
Ante el claro y constructivo mensaje difundido por los voluntariosos
y solidarios vecinos de Pilar, sería deseable que sus
planteos y sus esfuerzos en favor de la reserva natural allí
existente sean especialmente valorados por las autoridades locales,
que, ni más ni menos, sólo administran los recursos
que son propiedad del conjunto de la sociedad.