VIDA URBANA : LA BAJA DE LA CALIDAD AMBIENTAL
EN BUENOS AIRES
Por los autos, ruidos y el smog, la Ciudad es cada
vez más hostil
Es el efecto negativo del crecimiento económico. Hay
más tránsito, construcciones y generación
de basura. Estos problemas en el medio ambiente provocan consecuencias
en la salud de la población.

Radiografía del deterioro ambiental
Pablo Novillo
pnovillo@clarin.com
El crecimiento económico que vive la Ciudad tiene, como
todo cambio, dos aspectos. El positivo es la mejora promedio
en los ingresos de los habitantes. El negativo, el deterioro
de la calidad ambiental. Más tránsito, construcciones,
ruidos y generación de basura: los especialistas en medio
ambiente y urbanismo coinciden en que estos aspectos están
haciendo que Buenos Aires se esté convirtiendo en un
lugar más hostil para vivir.
Los problemas en la calidad del ambiente no sólo causan
mal humor: tienen efectos concretos en la salud. La contaminación
aumenta el riesgo de sufrir cáncer, enfermedades cardiovasculares
y respiratorias, problemas nerviosos y hasta de conducta. "La
intoxicación en la primera infancia con plomo y otros
elementos tiene muchas veces efectos irreversibles", señaló
Jorge Herkovits, director del Instituto de Ciencias Ambientales
y de la Salud. Un ejemplo: hace tres años, un estudio
de especialistas del Hospital Argerich encontró que en
el aire que se respira en el sur de la Ciudad hay unas 70 sustancias
químicas tóxicas, muchas de ellas provenientes
del Polo Petroquímico de Dock Sud.
Un reciente trabajo del Programa de Biodiversidad Urbana de
la Comuna identifica una señal del deterioro del medio
ambiente: en la Ciudad hay cada vez menos mariposas.
Ahora, ¿cuáles son los problemas? y ¿cómo
solucionarlos? El principal factor contaminante parece ser el
tránsito. El urbanista Carlos Lebrero opinó: "Siempre
es mejor controlar los factores negativos del desarrollo que
pelear contra la pobreza. Hoy nos encontramos con que el tránsito
es un gran contaminador. En primer lugar, el transporte público
se ha deteriorado: a medida que lo mejoremos bajará la
polución, y se reducirá el uso de autos. También
es necesario renovar el parque automotor con autos de mejor
tecnología. Y que el Estado promueva más la educación
ambiental y mejores controles".
Un segundo factor de deterioro viene de la mano de otra actividad
que explotó: la construcción. Para Herkovits,
"no se puede priorizar la construcción sobre el
medio ambiente ni al revés, deben ir de la mano. Es necesario
que los edificios se hagan en zonas con infraestructura suficiente,
y que se le dé vivienda a la gente más necesitada,
que vive en muy precarias condiciones ambientales".
El auge de la construcción tiene otro efecto. Al haber
más cemento, aumenta la temperatura promedio. Algunos
temen que, si se construyen muchos edificios altos en Puerto
Madero y muy juntos entre sí, se termine formando una
barrera contra el ingreso de la brisa del Río de la Plata
al centro de la Capital.
Por otra parte, la edificación más el tránsito
provocan ruidos molestos. En varias esquinas de la Ciudad el
promedio de decibeles es de 80, más de lo tolerable.
Hay otros aspectos no directamente relacionados con el crecimiento
y sí con la falta de previsión e inversiones y
hasta con el cambio climático global. "Las lluvias
serán más frecuentes y se agudizarán las
inundaciones. También es obsoleta la red de desagües
cloacales. Y es necesario, como mínimo, dejar de ensuciar
el Riachuelo", afirmó Herkovits.
Otro factor a analizar es la basura. Más dinero implica
más consumo y más producción de residuos.
Este problema afecta más al GBA que a la Ciudad, que
expulsa las 5.000 toneladas promedio de basura que produce por
día a los rellenos sanitarios del Conurbano. Pero a los
porteños les toca. "Además de la mugre en
las calles, en el sur hay varios basurales a cielo abierto.
Hacen falta políticas de reciclado y reducción
de la cantidad de residuos", apuntó Juan Carlos
Villalonga, de Greenpeace.
A esto hay que sumar la notable carencia de pulmones verdes.
Juan Comerio, de la Dirección porteña de Espacios
Verdes, contó: "Lo ideal es tener 10 metros cuadrados
por habitante, pero en Buenos Aires el promedio no llega a 3.
En el Centro y otros lugares el promedio es 1,6 m2".
En el Gobierno afirman que están tomando medidas. La
recuperación de espacios verdes es una de ellas, al igual
que la colocación de contenedores en los barrios para
volcar la basura más ordenadamente. También hay
intenciones, aún no concretadas, de restringir la circulación
y el estacionamiento en el Centro. La ampliación de la
red de subtes es otra apuesta, junto con los mayores requisitos
para autorizar construcciones, tras la reciente polémica
por protestas vecinales.
Una solución integral podría comenzar a encontrarse
cuando la Legislatura trate el proyecto para sancionar el Plan
Urbano Ambiental, la ley marco que definirá cómo
debe ser la futura Ciudad, dónde se podrá construir,
cómo se debe manejar el tránsito, y otros aspectos.
Pero para que ese plan esté sancionado falta, como mínimo,
un año de debates.
Apostar al futuro
Guillermo Allerand
gallerand@clarin.com
Los que nacimos hace algunas décadas recordamos en la
infancia una ciudad que, pese al progreso, mantenía aún
una escala humana que sentíamos tolerable. Los chicos
jugábamos en la vereda, caminábamos solos por
la calle, el tránsito era menos vertiginoso, abundaban
las plazas y baldíos, cuando llovía había
olor a lluvia y las mariposas anaranjadas nos sorprendían
con su vuelo. Hoy nos parece que nada de esto perdura, aunque
Buenos Aires siga siendo bella. No se trata de la remanida idea
de que todo tiempo pasado fue mejor, sino de ordenar el progreso
para evitar en el futuro cercano el suicidio urbano.