Viernes 3 de noviembre de 2006
Editorial II
Importancia del "PBI verde"
Un artículo publicado hace pocos días en The
Wall Street Journal Americas revela el alto costo en términos
de deterioro ambiental que China debe pagar para mantener su
alto nivel de desarrollo. En esa nota de Jane Spencer también
se hace referencia a un concepto de sumo interés: "El
PBI verde", que sintetiza una doble perspectiva de consideración,
económica y ecológica, en el tratamiento de la
producción de un país. Ese concepto permite apreciar
objetivamente la necesidad de equilibrar los procesos de crecimiento
económico a fin de preservar los recursos naturales.
El nivel de desarrollo chino convoca la atención mundial
por su magnitud. En 2004, el PBI de la nación oriental
fue del 11%. Si bien el logro en la producción de bienes
y servicios resulta muy satisfactorio en sí mismo, la
estimación se modifica cuando se conoce el oneroso precio
que el país tiene que saldar por perjuicios de carácter
ambiental. Ascenderían en ese año a 64.000 millones
de dólares. Esta suma representaría el 3% del
Producto Bruto Interno (PBI) -definido como la corriente de
bienes y servicios que se produce durante un año- y tendría
que ser restada del cálculo inicial. Al efectuar esa
corrección, se aplica el concepto de "PBI verde".
Esa fórmula, elaborada por especialistas chinos, busca
medir, mediante una especial metodología contable, el
impacto dañino que produce el desarrollo que no considera
el valor de los recursos que destruye. De ahí que, para
los "economistas verdes", la medición del PBI,
a fin de ser fiel a la realidad, debe ser completada con el
cálculo del deterioro ambiental. En la actualidad, en
el cálculo del PBI la madera de un bosque talado y exportado
se computa como una mejora. Sin embargo, nada se dice acerca
del modo en que son utilizados los recursos naturales, de la
desertificación que se produce tras la tala, ni de todos
los otros servicios que se extinguen como su consecuencia.
De este modo, la pérdida de funciones clave para el
bienestar no es percibida como tal por la sociedad, aun cuando
es la misma sociedad la que luego debe afrontar esa pérdida
de modo indirecto, a través de, por ejemplo, la financiación
de obras de infraestructura para evitar inundaciones y de incentivos
para nuevas actividades porque las tradicionales ya no son viables.
El desarrollo exagerado produjo en China, entre otros efectos
negativos, la contaminación de las aguas y del aire,
el fenómeno de las lluvias ácidas. Según
la Academia de Planificación Ambiental de ese país,
alrededor de 400.000 personas mueren anualmente a causa de enfermedades
provocadas por la polución ambiental.
Asimismo, 300 millones de habitantes carecen de agua potable
porque los desechos industriales la han degradado. Por esa razón
se deben invertir 125.000 millones de dólares con propósitos
de recuperar lo dañado.
El cuadro bosquejado lleva a insistir en la necesidad del desarrollo
sostenible, definido como un proceso que satisface las necesidades
actuales de una sociedad sin comprometer la capacidad de las
futuras generaciones para satisfacer las suyas.
En un planeta cada vez más interrelacionado debe tenerse
muy en claro que cualquier deterioro que afecte a la naturaleza
repercute globalmente y perjudica por ende a toda la sociedad.
Por consiguiente, ningún país puede desentenderse
del compromiso de proteger los recursos naturales. Economía
y ecología son ciencias que tienen un objeto común,
la calidad de vida en nuestro planeta, al que enfocan con distintas
perspectivas, pero cuyos recursos exigen ser bien administrados
y respetados.
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