
21.06.2006
MEDIO AMBIENTE : RECORRIDA EN LANCHA
Un foco insalubre que separa la Ciudad y afecta
a casi 5 millones
Por todos lados se ven basura, plásticos y combustible.
Y olores y desechos industriales.

UNA POSTAL. La acumulación de basura,
a la altura de La Boca, es una constante en todo el Riachuelo.
Nora Sánchez
nsanchez@clarin.com
A medida que se desciende por la rampa del muelle, los colores
estridentes y el tango for export de Caminito se desvanecen
hasta parecer una ilusión lejana. El olor a podrido es
la única realidad allí, al ras del agua, donde
una pequeña lancha espera a Clarín para navegar
por el Riachuelo. Un recorrido que revela los secretos de un
foco infeccioso que afecta nada menos que a 5 millones de personas.
Ya en marcha, la proa se topa con un cerco flotante que encierra
camalotes, botellas de plástico y pedazos de telgopor.
Es la basura que se rescata de la superficie y que va a parar
a un volquete, a metros de la Vuelta de Rocha.
Muy pronto, el paisaje pasa de la postal boquense a la frialdad
de las fábricas, que se reflejan con claridad sobre las
aguas. El brillo proviene de una capa densa y viscosa, donde
se adivina una mezcla de combustibles con sustancias químicas
indefinidas. Da la sensación de que se podría
caminar sobre ella. Pero el reflejo se rompe a cada instante,
debido al burbujeo continuo provocado por los gases venenosos
que brotan desde el fondo.
En el Riachuelo no se percibe vida, más allá
de las bacterias que descomponen los desechos. Poco después
de cruzar un viejo puente ferroviario aparece una de las explicaciones.
De una industria surgen tuberías que se zambullen al
corazón del río, sin disimulos. Un líquido
denso y maloliente emerge a borbotones. El río está
crecido y cubre otros desagües similares, de otras fábricas,
por donde es habitual percibir la descarga de líquidos
humeantes.
El motor de la lancha tose y se para. Una maraña de
plásticos se enredó en la hélice y hace
falta destrabarla para continuar. Sólo las fantasmales
embarcaciones abandonadas acompañan el paseo. Hay medio
centenar, de las cuales la mitad están hundidas. Todo
parece estar igual que en 1937, cuando Enrique Cadícamo
describió a esos barcos "que jamás han de
zarpar" en el tango "Niebla del Riachuelo".
Ahí están, semisumergidos, los antiguos alíscafos
que alguna vez hicieron el trayecto hacia Uruguay. O cargueros
como el Corcubión o el Cabo Blanco, hoy grandes moles
de metal varadas para siempre. Aunque a la mayoría de
estos barcos, el nombre se les borró hace años.
Debajo del Puente Pueyrredón aparece otro gran dique
de basura. Los camalotes, única especie viva en el Riachuelo,
se mezclan con aerosoles oxidados, lamparitas y un sinfín
de envases plásticos ya irreconocibles.
Poco después, empiezan los asentamientos que acompañan
al Riachuelo, sin cloacas y sin servicio de recolección
de residuos. Todo va a parar al agua. Cerca del Puente Bosch,
a la vera de la podredumbre se levantan casillas desde donde
se alcanzan a escuchar risas de chicos. Las viviendas dan a
una barranca, minada con bolsas rotas de basura. Un perro se
pasea entre los desperdicios, un hombre hace fuego.
A la altura de Puente La Noria, 15 kilómetros después
de La Boca, los basurales se multiplican. El aire se vuelve
cada vez más irrespirable. Y el asco es incontenible.
El Gobierno busca ahora apurar un proyecto
El emplazamiento de la Corte Suprema obligará al Gobierno
a desplegar un paquete de medidas para atacar la contaminación
del Riachuelo. Entre otras puntos, designar al nuevo secretario
de Medio Ambiente, aprontar estudios en marcha y financiación
(no menos de mil millones de dólares) que permitan realizar
las millonarias obras que harán falta.
El presidente Néstor Kirchner proclamó hace un
mes y medio en Gualeguaychú que el cuidado del aire,
el agua y la tierra era para su administración una política
de Estado.
Y para mostrar que la cosa venía en serio, ya se había
anunciado una reestructuración en el área y el
pase de la Secretaría de Medio Ambiente, de la órbita
del Ministerio de Salud a la Jefatura de Gabinete.
Sin embargo los días fueron pasando y ante la inacción
oficial y con más de la mitad del Gobierno en España,
la Corte ocupó el espacio político vacante y le
pegó un tirón de orejas a Kirchner, emplazándolo
a que en 30 días presente un plan para limpiar la cuenca
Riachuelo-Matanza.
Dos semanas atrás, trascendió que el jefe de
Gabinete, Alberto Fernández, ofreció la Secretaría
de Medio Ambiente a Héctor Polino. Más que solvencia
técnica, con esta fallida operación se buscó
una alianza con los socialistas, al menos con una fracción
de este centenario partido.
Convertido en prisionero de sus palabras, el pedido del alto
Tribunal sorprende al Gobierno sin haber arrancado con la nueva
política en la materia.
Pendiente aún el cambio de secretario de Medio Ambiente
(el actual, Atilio Savino, está esperando instrucciones),
en el Ministerio de Planificación están aprontando
varios proyectos para limpiar el Riachuelo y sanear al área
metropolitana. Son: