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Viernes 14 de abril de 2006
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Editorial III

La descuidada ribera metropolitana




Desde Tigre hasta Punta Lara, la ciudad de Buenos Aires y una porción considerable del conurbano tienen la posibilidad de disfrutar de la traza ribereña del Río de la Plata, pero no lo hacen o no quieren hacerlo. Es más, hasta le han dado la espalda al curso fluvial que lame sus costas, ahora degradadas por más de una lacerante demostración de la desidia y la indiferencia humanas.

Hubo quienes, por ejemplo, pretendieron borrar parte de esa zona convirtiéndola en mero soporte de una autopista. Otros, en cambio, suelen utilizarla como vaciadero de desperdicios y de escombros, barrera casi infranqueable para las personas que todavía la frecuentan en busca de recreación.

Para colmo, tres factores influyen en la paulatina degradación de las áreas ribereñas: las privatizaciones y concesiones de extensos tramos costeros, desde hace mucho vedados al ingreso y tránsito del público; las urbanizaciones, efectuadas a tontas y a locas, que las han ido despojando de su vegetación natural, y el alto grado de contaminación del río, golpe mortal que las ha privado de su primitiva y bienvenida calidad de asiento de llamativa cantidad de balnearios.

En las últimas décadas hubo acciones aisladas tendientes a revertir tan depresivo cuadro. Una de esas intervenciones -tal vez la más importante- fue la que terminó en la institucionalización de la Reserva Ecológica porteña. Lengua de tierra favorecida por la naturaleza, que la ha poblado con numerosas especies animales y vegetales, y que -al menos por ahora- está fuera del alcance de los designios de ciertos "urbanistas" y de las apetencias de los intereses inmobiliarios.

Hay buena voluntad, en especial en numerosas organizaciones no gubernamentales, para encarar el rescate de esa ribera fluvial, reintegrarle su fisonomía original, generar una relación franca y directa con el Río de la Plata y crear un desarrollo lineal a lo largo de la costa, en el cual la intervención positiva tenga escasa o mínima notoriedad.

No obstante esas empeñosas iniciativas, todavía subsiste el fuerte impacto ambiental negativo, lacra que habrá de perdurar hasta que las autoridades nacionales, provinciales, de los municipios involucrados y de la ciudad de Buenos Aires no se decidan a formular y poner en práctica una estrategia de fondo que torne viable la definitiva recuperación del Río de la Plata y de las áreas costeras metropolitanas.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/797365

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