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Clarin, 15 de Noviembre de 2005

URBANISTICA Y ESTRATEGIA
Buenos Aires: postal del futuro

Oficinas con estacionamientos para bicicletas (y duchas para ciclistas transpirados), edificios más independientes que inteligentes y nuevos centros. Los especialistas imaginan la ciudad del mañana.


Por María Farber. Especial para Clarín.com.
conexiones@claringlobal.com.ar


Lejos de los robots a punto de encontrarse el alma y salir a luchar por su autonomía, autopistas que atraviesan el cielo y teletransportadores, Buenos Aires enfría la parábola futurística. Los problemas detectados ya tienen su plan de acción para ser resueltos en los próximos 50 años. Los desafíos: la finitud de los recursos energéticos, la escasez de espacio y el calentamiento. Buenos Aires 2050 es un programa organizado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA y el Instituto Internacional de Medioambiente y Desarrollo para América Latina que apunta a resolver en el futuro los problemas que empiezan a vislumbrarse en el presente. El resultado fue una serie de muestras y cavilaciones que marcaron un rumbo nuevo en la descentralización de la ciudad (o la aparición de muchos centros), la reformulación de los edificios (los “inteligentes” no lo son tanto), la reutilización de recursos y la promoción de la movilidad peatonal. Y mientras la ciencia ficción imagina, los especialistas concretan.

“Elegimos el 2050 porque no es una fecha tan lejana como para producir suposiciones excesivamente fantasiosas. Tampoco se quiso trabajar sobre una fecha excesivamente cercana, porque no hay perspectiva. 2050 es una buena fecha: son dos generaciones”, explica Horacio Caride, coordinador general del programa. El 2050 demanda una conciencia de la finitud de los recursos y deberá racionalizarse su consumo. Consultada para esta nota por Clarín.com para sumar su punto de vista como directora del Centro de Investigaciones de Hábitat y Energía de la Facultad de Arquitectura de la UBA, Silvia de Schiller asegura: “Los edificios dependientes de energía se volverán carísimos e insostenibles para la mayor parte de la población. Por eso será necesario proyectar edificios sustentables cuyo diseño se adapte al ambiente y a las necesidades de la gente, que dejen entrar el aire y la luz, que conserven el calor en invierno, que se puedan ventilar en verano, sin necesidad de tanta calefacción ni aire acondicionado”.

“Las actividades humanas de los últimos cien años ya determinaron el futuro del clima”, explica Vicente Barros, investigador superior del CONICET, integrante del CIMA y autor del libro “Cambio climático global”. Y sigue: “Subirá la temperatura promedio, en verano las máximas aumentarán un grado y en invierno dos. El frío intenso que teníamos hace unos años tiende a desaparecer. Y se prevé un aumento en la frecuencia de lluvias torrenciales. Esto es casi un pronóstico, un cambio climático irreversible”.

Además se elevará el nivel del río unos 50 centímetros aunque no implicará una inundación permanente: “Tenemos un escalón de un metro en cualquier lugar de la costa”, tranquiliza Barros. Eso sí, el alcance de las sudestadas será mayor y habrá más territorios inundados: la zona sur de la provincia de Buenos Aires y también Tigre, el Valle del Río Reconquista y Avellaneda tendrá que mejorar sus defensas. Evitar el derroche de agua también será un objetivo: los edificios tendrán un sistema para reciclarla destinado al uso en inodoros, para lavar el auto o baldear la vereda. La otra posibilidad son los techos verdes: “Funcionan como una esponja y son capaces de absorber la gran cantidad de lluvia que cae en poco tiempo, que es la que satura los desagües”, dice de Schiller.

El cambio climático también incide en la producción de energía : “Las centrales de energía eléctrica cordilleranas no van a tener más nieve, la escala de producción de energía hidráulica va a cambiar. Esos cambios se van a trasladar al uso de energía”, dice Manuel Ludueña, arquitecto y planificador urbano y regional y consejero del Plan Urbano Ambiental, y augura que si existe esa reconversión energética en las calles porteñas habrá menos ruido, menos contaminación, estarán más limpias, y habrá basura cero, pues se implementará un sistema de recuperación de materiales sin uso.

¿Y qué será de los edificios inteligentes? Son la antítesis de la sustentabilidad. “Se les dio esa denominación a los edificios automatizados que dependen de controles y que, por ser automáticos, no responden a la forma de sentir del usuario”, se ríe de Schiller. Su funcionamiento depende de la energía: un corte de luz y se acaba la inteligencia. Y sigue: “Ese tipo de edificio inteligente ya es antiguo, desde ya no es sustentable y no se lo considera un edificio moderno. Cuando un edificio no puede mantener por medios naturales el confort que genera su diseño, depende fuertemente de las condiciones artificiales: aire acondicionado, calefacción e iluminación, que impactan en el ambiente exterior y en la gente, los usuarios del ambiente interior”.

Según Ludueña los nuevos centros podrían estar en Pompeya o Liniers. La tendencia será una ciudad adaptada al tránsito peatonal, con veredas más grandes, más transporte público y un servicio de subterráneos que llegará hasta el conurbano. “Las restricciones al uso del auto serán necesarias”, señala Ludueña. La alternativa para moverse dentro de la ciudad será la bicicleta. “El uso de bicicletas hoy es una necesidad que no tiene respuesta, la tendrá en 2050”, dice Ludueña. “Una red de calles estará destinada a su uso y, como consecuencia, se valorizarán los edificios, sobre todo de oficinas, que faciliten el acceso de ciclistas con estacionamiento y duchas”, dice de Schiller.


¿El auto fantástico?


Las consecuencias del cambio energético se harán sentir a todos los niveles. El gran encarecimiento del petróleo demandará hidrógeno para hacer funcionar los motores de los autos. Así como se habla de los primeros autos a hidrógeno, el país hace punta en esta tecnología. “La escasez de petróleo y los avances tecnológicos transformarán los motores en pequeñas unidades selladas de baja cilindrada y el cliente podrá elegir entre tres o cuatro combustibles distintos, pero todos ecológicos”, opina el diseñador de transportes José Luis Denari, director del Centro Integral de diseño Denari Design y ex diseñador para Alfa Romeo de Milán.

Que se modifiquen sus motores y se restrinja su uso en la ciudad no quiere decir que los autos dejen de ser un objeto de consumo. Para Denari, algunas claves definirán su producción: “Mayor contenido racional que emocional, la estética vale menos que su aspecto tecnológico, la habitabilidad interior vale más que su forma exterior y el objetivo será trasladarse sin tanto glamour pero con más eficiencia. Un auto más inteligente desde todo punto de vista”. Pero ¿qué aspecto tendrán? “Las formas aerodinámicas son más eficientes a altas velocidades, pero si el vehículo es urbano, entonces son inútiles. La forma más efectiva desde el punto de vista de la habitabilidad es siempre cuadrada, no redonda”. En el más avanzado de los casos se habrán desarrollado materiales que permitan que ese auto cuadrado tome forma de gota cuando levanta altas velocidades. Pero nada de alas ni turbinas. Se derrite el sueño futurista a causa del calentamiento: los autos siguen sin volar.

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