| |
Página 12
Publicado el 7/23/2003
Un fallo contra Edesur
La muerte y la enfermedad parecieron haberse ensañado con
ese barrio. Cáncer fue el diagnóstico en casi todos
los casos: cáncer de mama, de colon, de piel, leucemias.
Para los vecinos de Ezpeleta, la explicación sólo
podía estar en los campos electromagnéticos producidos
por la Subestación Sobral de Edesur ubicada en medio del
barrio. Seis años atrás empezaron una batalla judicial
contra la empresa que parecía destinada al fracaso. Hasta
ahora: la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata acaba
de emitir un fallo inédito en el que obliga a Edesur y al
ENRE a suspender las obras de cableado destinadas a la sobrealimentación
de la Subestación Sobral y a “indicar las medidas que
deberán poner en práctica para proteger a los residentes
de Ezpeleta de los efectos potencialmente nocivos de los cables
de alta tensión”. Si bien la Cámara reconoce
que no hay una posición científica definitiva en torno
de la relación entre los campos electromagnéticos
y el cáncer, al dar lugar a la medida cautelar sostiene que
“aun cuando los niveles registrados sean inferiores a los
permitidos legalmente, prima facie resultan suficientes para poner
en peligro la salud y la calidad de vida de las personas”.
Gladys Solioz vive al lado de la subestación y ha sido una
de las voces más fuertes del reclamo. “Mi dormitorio
–dice– está a diez metros de esos transformadores
gigantescos.” Cuenta que la lucha empezó en 1993, cuando
algunos vecinos decidieron oponerse a que el cableado pasara frente
a las casas. “En esa época vimos revistas europeas
donde hablaban sobre la relación de estos cableados con el
cáncer. Nos habían dicho que la estación iba
a desactivarse, pero después de la privatización todo
se aceleró y empezaron las explosiones.” En esas explosiones,
recuerda, hubo heridos y muertos entre los trabajadores de la empresa.
En esa época empezaron a notar la gran cantidad de personas
que había enfermado en cuatro cuadras a la redonda. “Yo,
que viví siempre en la zona, inicié el relevamiento
–dice Gladys–. Hoy tenemos que desde que está
la subestación el número de muertes es de 84 y los
enfermos 112: todos de cáncer, leucemia, tumores.”
En su familia fue el padre: “El había empezado esta
lucha y falleció de cáncer de pulmón hace cinco
años. Ahora a mi marido le detectaron un bulto en la zona
pectoral, aunque aún no le dieron el diagnóstico”.
Gladys menciona otros casos cercanos: “Fabián, de 12
años, murió hace 2. Sabrina, de 22, tiene leucemia.
Angélica Boncosqui, una gran luchadora, tiene un cáncer
de mama que avanzó de forma fulminante”. Y la enumeración
sigue. Pero la gente, dice Gladys, tenía miedo de enfrentar
a la empresa: “Si me sacan la vida, decían ellos, cómo
no me van a sacar la casa”. Por eso, seis años atrás
la Asociación Coordinadora de Usuarios, Consumidores y Contribuyentes,
una ONG nacida en la zona de Quilmes, se acercó a los vecinos
y asumió el liderazgo del caso ante la Justicia: presentaron
una “medida autosatisfactiva” reclamando el cese de
las obras y el traslado de la subestación a un lugar aislado
donde no ponga en riesgo a la gente. “Hemos golpeado todas
las puertas habidas y por haber –dice a Página/12 Julio
Sobrino, presidente de la Asociación–. Hubo puebladas,
represión policial. Cincuenta vecinos fuimos corridos por
más de 200 policías. Yo tengo una causa: me han denunciado
por alborotar a la gente.” También Gladys recuerda
esas batallas: “Nos tiramos a los pozos, nos enfrentamos a
las palas, a los camiones. Hace un año, el mismo día
que mataron a los piqueteros, tuvimos un enfrentamiento. Mandaron
enormes cantidades de policías y carros de asalto para combatir
un barrio con chicos y enfermos”. Ese día lo frenaron,
pero al día siguiente un vecinose levantó a las tres
de la mañana y observó cómo al amparo de la
noche y con la protección de Infantería y Gendarmería,
bajaban los materiales. El recurso presentado en la Justicia fue
rechazado en primera instancia por el juez federal, civil y comercial
La Plata Adolfo Gabino Ziulu en base a las mediciones presentadas
por Edesur y el ENRE, según las cuales los campos electromagnéticos
cumplían “con la normativa nacional y los valores de
guía internacionales”. Tras la apelación, la
Cámara admitió el recurso y reclamó información
a las empresas. La resolución que ahora se conoce, firmada
el 8 de julio pasado por los jueces Sergio Dugo y Leopoldo Schiffrin,
es contundente. Tras pasar revista a investigaciones recientes en
torno del efecto de los campos electromagnéticos sobre la
salud, concluye que deben tenerse en cuenta trabajos científicos
en este sentido posteriores a las recomendaciones internacionales
sobre los límites de exposición. “En
tales condiciones –concluyen los camaristas–, la exposición
a campos electromagnéticos, aun a niveles inferiores a los
permitidos legalmente, no es óbice para eximir de responsabilidad
a la empresa prestataria del servicio eléctrico por los daños
en la salud que puedan sufrir los habitantes de Ezpeleta, ni tampoco
para deslindar la responsabilidad del ENRE por el poder de policía
ejercido defectuosamente.” Para el presidente de
la Asociación Coordinadora de Usuarios lo importante es que
“los jueces interpretaron que no hay que invertir la prueba:
nosotros no somos los que tenemos que demostrar que esto hace daño.
No hay un solo domicilio sin un enfermo en cien metros a la redonda”.
La resolución de la Cámara, sin embargo, hace lugar
a la medida cautelar sólo en parte: decide que se detenga
el cableado pero no ordena el traslado de la subestación,
como reclaman los vecinos. “Le dan a la empresa 15 días
para explicar cuáles van a ser los mecanismos para impedir
la contaminación ambiental que afecta la salud de los vecinos
–aclara Pablo Fernández, el abogado que llevó
el caso junto con Osvaldo Sidoli–. Consideran que existe prima
facie una presunción de que la producción de electricidad
provoca un daño a la salud”. Es probable ahora que
la resolución sea apelada y el caso llegue a la Corte. “Nosotros
mantenemos el reclamo del traslado de la subestación”,
advierte Fernández. Aún sorprendidos ante el fallo,
los vecinos, los protagonistas de la batalla, sienten que esta vez
fueron escuchados. “Estamos muy contentos, contentísimos
-.dice Gladys–. Y al mismo tiempo, es un momento en que uno
recibe esto y se acuerda de todos los que fallecieron.”
Página 12 16/7/2003
Temas
relacionados:
Más torres en la ex-Ciudad
Deportiva de Boca Jrs.
¿ Urbanización
o Urbanicidio ?
|
|