Reserva
Ecológica Costanera Sur
Ciudad Autonoma de Buenos Aires
República Argentina
Asociación
Civil
Por la Reserva
-Vecinos Autoconvocados -
LIBRO
DE VISITAS
Lunes 13 de marzo de 2000
ANOCHE EL FUEGO AFECTABA 30 HECTAREAS
Otro incendio en la reserva ecológica de la Costanera Sur
Las llamas comenzaron a las cuatro
de la tarde. Y el humo se pudo ver desde varios puntos de la ciudad
Hubo 7 dotaciones de bomberos y un helicóptero hidrante. Otra
vez, creen que pudo ser intencional
LLAMAS AL ANOCHECER. La visión del incendio,
anoche, desde Catalinas Sur.
A pesar de las promesas, el problema de los incendios
parece no tener freno en la Costanera Sur. Ayer, un nuevo incendio
destruyó buena parte de los sauces y alisos que crecían en el
área sudeste de la reserva ecológica.
A fines del año pasado el Gobierno de la Ciudad había informado
sobre medidas para impedir que se siga quemando el mayor ecosistema
de la ciudad de Buenos Aires. Entre ellas, la construcción de
caminos cortafuegos. En octubre, se había anunciado la instalación
de sensores infrarrojos capaces de detectar un cigarrillo a 10
kilómetros de distancia. Pero los incendios siguen sucediendo.
Al cierre de esta edición se habían dañado parcialmente más de
30 hectáreas de las 370 que tiene el lugar público. Y no había
víctimas.
Este nuevo incendio, el primero del año, comenzó poco después
de las cuatro de la tarde. "Era rechiquito", contó a Clarín
María Luz, una porteña de 17 años que estaba paseando con Gonzalo,
de 18. "Pero de a poco se fue extendiendo. Parece que tardaron
un poco en combatirlo." La percepción de la chica era idéntica
a la que tuvo uno de los empleados de la reserva. "Tardaron un
poco en llegar", dijeron. La explicación fue que algunas dotaciones
habían sido derivadas antes a un incendio que hubo en Ezeiza.
Declarado el incendio, personal de la reserva le pidió a la gente
que estaba de visita que se retirara. A las cinco de la tarde,
el paseo, que normalmente está abierto hasta las siete, había
cerrado las puertas. Durante el día pasaron unas 7.000 personas.
Sin embargo, puertas afuera, tampoco se había tomado una decisión
para agilizar la llegada de los bomberos. A las seis de la tarde,
mucha gente que se sintió atraída por la gruesa columna de humo
azul que se elevaba hacia el cielo enfiló sus autos hacia la Costanera
Sur. La Policía tardó más de dos horas en prohibir el paso
de los curiosos hacia la zona.
En la entrada a la reserva todo era nerviosismo. Desde el centro
de monitoreo, que tiene ocho cámaras fijas y una que rota 360`,
se observaba cómo la línea de fuego avanzaba a 22 kilómetros por
hora desde el sur hacia el noroeste, empujada por un viento del
sudeste. "Pero no podemos ver qué está pasando en el bosque de
los sauces, uno de los lugares más lindos de la reserva", se lamentaba
una de esas empleadas que sienten el lugar como si fuera suyo.
Cuando el periodismo pudo entrar al lugar, en el cruce de los
caminos de los Plumerillos y de los Sauces se pudo ver el efecto
del fuego. El viento había llevado el incendio casi hasta el borde
del camino de los Plumerillos, donde bomberos de la Federal y
Prefectura lo combatían envueltos en humo negro. Desde
lo alto, el helicóptero largaba su carga de agua. Un bosque de
sauces, achicharrado, sufría las consecuencias del calor.
Pero de pronto el viento giró hacia el nordeste y aumentó notablemente
la velocidad, a 35 kilómetros por hora. Algunos bomberos salieron
de los pastizales ante el peligro de ser rodeados por el fuego.
Una lluvia de cenizas negras cayó en el lugar.
Cerca de las ocho de la noche, el jefe de Gobierno de la Ciudad,
Enrique Olivera, llegó al lugar, donde seis dotaciones de la Policía
Federal, una de los bomberos voluntarios de la Boca, dos de Prefectura
y un helicóptero hidrante de esa Fuerza estaban combatiendo el
fuego.
-¿Cómo está la cosa? -le preguntó a Sergio Recio, coordinador
de la reserva.
-Más o menos -le contestó-. El viento está complicando todo.
Ante ese impredecible, los expertos en esta lucha, entre los que
se contaba personal de Defensa Civil, se abocaron a trazar cortafuegos
con motosierras y palas, para evitar que el fuego se extendiera
hacia el norte. Al cierre de esta edición la táctica fue cercar
el fuego, guiarlo, hasta que cayera en la laguna de los Patos,
donde ya no tendría más nada que quemar.
Por entonces se informaba que poco antes de que comenzara a arder
la punta sudeste de la reserva, personal del lugar vio salir de
esa zona, un tanto inhóspita y poco transitada, a dos personas
sospechosas. Pero el dato no alcanzó para que se considerara
que hayan sido los causantes del fuego.
"Nunca se sabe -dijo Eduardo Molinari, de la Asociación Ornitológica
del Plata-. Seguro que hubo incendios intencionales, pero alguien
pudo haber tirado un cigarrillo. Por suerte las aves migratorias
ya emprendieron su regreso." Sergio Recio no encontraba consuelo:
no sabía cuántos de los 20.000 sauces plantados recientemente
se estaban quemando.