Prof. Francisco Velasco
Publicado en Revista del Lago Nº 23 – Agosto de 1998
Existe una idea preconcebida en la mayoría de la gente
respecto de la función de los parques, plazas y demás
espacios verdes urbanos: su acción como "purificadores
del aire". Y es correcto, aunque sólo aportan del
10 al 20 % de oxígeno a la atmósfera baja. El
resto lo suministra la vegetación acuática. Pero
además de este importante beneficio, es menester destacar
otros aspectos positivos quizá menos conocidos de los
espacios verdes.
Los árboles extraen del aire los gases tóxicos
generados a partir de los motores de vehículos y la actividad
industrial, como los derivados del azufre y nitrógeno,
entre otros. Estos gases ingresan a las hojas y son retenidos,
acumulados y hasta metabolizados por sus tejidos, hecho que
a menudo les ocasiona perjuicios pasajeros o permanentes.
El dióxido de carbono, presente en el aire urbano, proviene
mayoritariamente de las combustiones. Este gas es el principal
responsable en el aumento artificial de la temperatura ambiental.
La vegetación utiliza dióxido de carbono para
su actividad fotosintética disminuyendo, de esta forma,
su oncentración en la atmósfera.
Por otra parte, los vegetales contribuyen a fijar el polvo atmosférico
sobre sus hojas. De lo contrario, muchas de las partículas
inorgánicas y las que provienen de los seres vivos (descamaciones
de la piel de personas y animales, disgregación de microorganismos,
follaje seco, polen, etc.) ingresarían a nuestro aparato
respiratorio por su inspiración.
Además al disminuir la velocidad de los vientos, reducen
la cantidad de polvo atmosférico removido.
En las calles del microcentro de Buenos Aires se pueden encontrar
más de 400.000 microorganismos por metro cúbico
de aire. En los bosques de Palermo menos de 300.
Una superficie cubierta con césped retiene 3 a 6 veces
más cantidad de polvo atmosférico que igual superficie
de pavimento y 10 veces más que igual superficie de un
vidrio.
Los ruidos y los colores de la ciudad
Los árboles actúan como pantallas acústicas.
Esto se debe al gran volumen de espacios que se encuentran en
el interior de sus hojas que, a manera de paneles acústicos,
amortiguan el sonido sin producir resonancia.
Un metro de ancho de pantalla vegetal atenúa el sonido
entre 8 y 10 decibeles.
La vegetación influye positivamente sobre la salud psíquica
de las personas. Al color verde, por estar en el centro del
espectro de la luz visible que llega del sol, se le atribuye
la función de propender a la calma y el sosiego, contrarrestando
la policromía en las ciudades que conllevan, entre otras
cosas, al estrés. Por ello, los espacios verdes
se consideran descontaminantes visuales.
Los lectores habrán experimentado la agradable sensación
de frescura al caminar por una calle muy arbolada en pleno verano.
Debajo de un árbol adulto se registran temperaturas de
entre 3º C a 5º C menores que fuera de éste.
La vida que sostiene a la vida
Los parques y las plazas constituyen un excelente refugio de
una gran variedad de especies animales, algunas de las cuales
pasan desapercibidas para el ciudadano común. Pero basta
detenerse a observar la diversidad de aves que utilizan los
árboles para proveerse de alimento y anidar. Los
espacios verdes son fundamentales para la sustentación
de la diversidad biológica de las ciudades.
Los espacios verdes y la salud
Los ciudadanos son el espejo de las sociedades actuales y de
sus males: aglomeramiento de personas, embotellamiento de tránsito,
contaminación del aire, sonora y visual y desempleo,
entre otras.
Estos problemas inciden directamente sobre las personas y favorecen
el incremento de las enfermedades "psicosociales".
La más conocida y padecida es el estrés. Las grandes
concentraciones urbanas provocan en sus habitantes perturbaciones
físicas y psíquicas como consecuencia del aumento
de la densidad de población. El hombre está biológicamente
preparado para soportar un grado de tensión. Superado
este umbral de tolerancia se producen trastornos psico - fisiológicos.
El estrés afecta a la parte psíquica cuando los
mecanismos de su regulación resultan insuficientes y
entonces, comienza a verse afectado el cuerpo: se generan trastornos
metabólicos, en el sistema inmunológico y el la
fisio-logía de los órganos.
Los espacios verdes de uso público en las ciudades
son indispensables para evitar estos problemas de salud.
Una mirada histórico - social
y cultural hacia los espacios verdes
Muchos de los árboles urbanos constituyen parte de nuestro
acervo cultural porque recuerdan algún acontecimiento
histórico. Para ilustrar tal situación, se podría
mencionar al famoso pacará, árbol bajo cuya sombra
vacunaba el doctor Saturnino Segurola.
Asimismo una especie arbórea está ligada a nuestra
identidad nacional. No es inusual descubrir ceibos, con sus
flores tan particulares, ornamentando las calles y plazas de
nuestra ciudad.
Los espacios verdes alientan las relaciones personales: los
juegos compartidos de los chicos en una plaza, el paseo familiar
del fin de semana, los vínculos amorosos que se establecen,
los clásicos encuentros de las personas de la tercera
edad y los almuerzos al aire libre durante el descanso reparador
promediando una jornada de trabajo, así lo atestiguan.