Lic. Ercilia Schiratti
Publicado en Revista del Lago Nº 18 - Febrero de 1996
Las grandes concentraciones urbanas provocan en sus habitantes
perturbaciones físicas y psíquicas. Estas son
consecuencia del aumento de la densidad de población
en un hábitat disfuncional a sus necesidades, resultante
de una urbanización irracional.
El ser humano está preparado biológicamente para
tolerar un cierto grado de stress o tensión funcional
a la interrelación social. Superado este umbral de tolerancia,
se producen trastornos psicofisiológicos.
El stress afecta primariamente al psiquismo, determinando que
las relaciones intra e intersubjetivas queden alteradas en un
intento de procesar la tensión. Cuando los mecanismos
de regulación psíquica resultan insuficientes,
comienza a ser afectado el soma. Se generan trastornos a nivel
metabólico, en el sistema inmunológico y en la
fisiología de los órganos vitales.
Los espacios verdes de uso público en las ciudades son
imprescindibles para equilibrar el deterioro del hábitat
humano. La Organización
Mundial de la Salud recomienda de 10 a 15 m2 de área
verde por habitante como mínimo. Estos espacios deberían
estar distribuidos equitativamente en relación a la densidad
de población, por lo tanto, en relación a la densidad
de edificación.
El espacio verde cumple una función equilibradora de
la energía necesaria para el cumplimiento de funciones
vitales.
La fotosíntesis utiliza un tres por ciento de la energía
lumínica que llega a la Tierra. Esta energía incidente
se convierte en energía potencial que es liberada a través
de los distintos procesos de oxidación.
Los espacios verdes determinan, por su sola existencia, un espacio
de incidencia de la mayor y más importante fuente de
energía que es la luz solar. Esta determina en el hombre,
igual que en los animales, los procesos metabólicos
y de fijación de elementos estructurantes del organismo.
Por otra parte, por sus cualidades estéticas naturales,
también generan a nivel psíquico, un quantum de
placer que potencializa sus funciones.
Buenos Aires, con una población estable de aproximadamente
tres millones de habitantes, necesita de tres a cuatro mil hectáreas
de espacios verdes. Tiene apenas ochocientas. Dentro de ellas
se encuentra Palermo. El Parque Tres de Febrero o Palermo, como
se lo conoce popularmente, es además el único
bosque urbano del país y uno de los patrimonios históricos
y paisajísticos más importantes que tenemos los
argentinos.