Sabemos que la arquitectura es un logro importante de la humanidad
y que los techos sirven para proteger del frío, la lluvia
y el sol, las veredas nos salvan de caminar en barro y entre plantas
espinosas, las paredes protegen del frío, el viento y la
curiosidad de otros. Ni hace falta decirlo.
Pero pocos se dan cuenta que demasiada edificación
nos hace muy mal a todos, hasta a los que ganan muy bien con eso.
Por eso escribí lo que sigue.
Debería ser evidente que no es bueno:
- encerrar lo mas posible a las personas (y a los perros, gatos
y plantas) con cemento, ladrillos, vidrio y acero y plástico
y otros materiales mas modernos... (- sabemos que el objetivo
principal de muchos arquitectos y constructores es mantenerse
a flote con ganancias que casi no superan a los costos, mientras
que otros, que ya ganan mas de lo necesario para vivir muy bien,
se dedican a ganar todavía mas, muchas veces con tácticas
poco éticas.)
- taparlos lo más posible con techos, entonces no ven
el cielo y no tienen sol ni renovación del aire.
- obligarlos a estar lo mas posible sobre pisos, entonces no
conocen desde chicos la tierra y el pasto, y entonces les parece
que la tierra y el pasto son sucios, y les dan miedo los bichos.
- rodearlos lo mas posible con paredes, estrangularlos con paredes
(sería como una boa “constructor”) entonces
se renueva menos el aire y no ven el horizonte y desarrollan
miedo al espacio abierto y lo desprecian diciendo que “¡no
hay nada!”, se acostumbran al encierro y llegan a desearlo,
siendo entonces fuente de trabajo para arquitectos y constructores...
de cárceles.
La civilización moderna es cada vez mas como una cárcel
y hace que seamos cada vez más como presidiarios que le
tienen miedo, desconfianza y desprecio al afuera. Esto se ve cuando,
yendo en coche por el campo, siempre alguno dice que “¡No
hay NADA!”, porque le parece que lo que no conoce (el paisaje
viviente, la naturaleza) no existe, lo único que considera
que es “algo” es lo artificial: calles, edificios,
patios y máquinas, todo seco y cuadrado, rígido
y sin vida. Todo esto hace que el mundo sea cada
vez mas así. Pero un mundo sin vida es
un mundo sin seres humanos.
Es necesario darnos cuenta que vamos en una mala dirección,
y cambiarla.
Para eso hay que hacer, como dijo el capitán Cousteau,
una vuelta de 180 grados:
-en vez de encerrarnos lo mas posible, dejar lo mas posible
terreno libre, con plantas, con animales silvestres libres en
paisajes naturales completos, sanos, con ríos y arroyos
curvos en vez de canales y acequias rectos, con paisajes llenos
de sorpresas, belleza y aventuras, en vez de ángulos rectos,
seco y duro, patios, baldosas y paredes repetidas millones de
veces.
Esto debe ser obligatorio por leyes y reglamentos que ayuden
a todos a hacerlo.
Este cambio puede hacerse muy rentable. Y únicamente puede
dar resultados muy buenos para la felicidad y la salud de todos,
hasta para los que todavía no se dieron cuenta y creen
que no les conviene.
Ricardo Barbetti, investigador,
asesor y educador en protección del ambiente
ricardo@macn.gov.ar, ricardo@muanbe.gov.ar