Hace unos mil años, al comienzo de la Baja
Edad Media, el aumento del comercio estimuló el crecimiento
de las ciudades europeas. Una oleada inmigratoria proveniente
del campo llenó las calles tortuosas, y los recién
llegados construyeron casas y mercados, murallas y catedrales.
Junto a ellos bajaron los grandes señores, muchos de los
cuales tenían sus castillos en el campo.
En
esa ciudad medieval, los poderosos construyeron sus palacios,
a los que les adosaron grandes torres, que les permitieron dominar
militarmente a sus vecinos y se transformaron en la expresión
física de su poder. En Bolonia, Italia, las familias Garisenda
y Asinelli levantaron dos torres de casi 100 metros de alto, que
hoy son el símbolo más conocido de esa ciudad.
En San Gimignano, Italia, el perfil de las torres de los nobles
y los ricos se recorta entre las colinas toscanas por encima de
la muralla medieval. Por el contrario, en Cáceres, España,
las torres fueron desmochadas por orden de Isabel La Católica
para reprimir una desobediencia de sus dueños.
Desde el año mil, entonces, las altas torres son el símbolo
físico del poder, y el sitio desde el cual los que mandan
intimidan a los que deben obedecerles. De este modo, los rascacielos
de Manhattan fueron mucho más que una forma de ahorrar
espacio construyendo en altura en un sitio congestionado.
Sin embargo, esa contundente expresión de poder económico
y político esconde una enorme fragilidad ante cualquier
contingencia. El derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York
puso en cuestión el modelo de seguir levantando grandes
edificios como una forma de exhibir riqueza y poder. Esto hizo
que en muchos lugares se abandonaran otros proyectos para edificar
nuevas torres medievales en nuestras ciudades.
“Son muy vulnerables ante un ataque terrorista”,
se dijo en ese momento. El incendio y destrucción de la
Torre Windsor, en Madrid, demuestra que estos edificios también
son muy vulnerables ante un simple corto circuito. Bastó
el roce de dos cables, provocado tal vez por una falla del material,
por una pequeña gotera o por la mordedura de un ratón,
para terminar con una de las grandes expresiones de soberbia económica
de nuestro tiempo.
A pesar de estas advertencias, en algunos sitios se siguen construyendo
grandes torres.
Para peor, a veces se llega a acomodar la legislación
para disimular sus riesgos. Por ejemplo, en Buenos Aires, la Ley
Nº 123 de Evaluación de Impacto Ambiental establece
un procedimiento riguroso para analizar cualquier problema que
pueda generar un nuevo emprendimiento en la Ciudad, que se debe
controlar en una Audiencia Pública. Esa Ley fue sancionada
en 1998. Pero en agosto del 2000 se la cambió por la Ley
452, que es casi igual que la anterior. La única diferencia
sustancial es que elimina la obligación de evaluar el impacto
ambiental de las grandes torres.
Los Diputados que la aprobaron sabían que esa Ley tenía
nombre y apellido: se procuraba de que la sociedad no discutiera
los riesgos que podían significar las grandes torres de
Puerto Madero.
En esta entrega ustedes reciben:
Un comentario del Arq. Ramón Gutiérrez sobre los
riesgos de que los edificios más altos del país
se transformen en un Cromagnon vertical, y
Una información periodística sobre el reciente incendio
en Madrid, en el que algunos piensan podemos ver el espejo de
nuestro futuro.
Tal vez el incendio de la Torre Windsor nos ayude a darnos un
debate que todavía tenemos pendiente.
Un gran abrazo a todos.
Antonio Elio Brailovsky.
EL CROMAGNON VERTICAL
Por Arq. Ramón Guriérrez
No quisiera que me llamaran agorero, pero cuando las cosas suceden
es el momento de prestar atención a problemas similares
y reflexionar sobre nuestra circunstancia. El 11 de septiembre,
abatidas las torres gemelas de Nueva York por el terrorismo, tuvimos
la certeza de que los bomberos mejor equipados no podían
subir más allá del piso 33. En las últimas
semanas hemos visto a colegas advertir sobre el uso inadecuado
de los materiales en las mismas circunstancias que alababan las
torres que se construyen en Buenos Aires y que superan raudamente
esas alturas.
Alguna de ellas, expresión de la euforia de los 90 del
“deme dos”, testimonia el edificio más alto
del país. El arquitecto proyectista declaró ante
el municipio que sus torres eran de “bajo impacto ambiental”.
Ello violaba las disposiciones legales en vigencia por tratarse
una obra de más de 10.000 m2, lo que la ubicaba en otra
categoría. Claro está que mediante ese mecanismo
y la anuencia del municipio se evitaron tener que hacer una audiencia
pública para explicar el proyecto y las medidas de precaución
adoptadas. El propio empresario manifestaba públicamente
que le hubiera gustado agregar más pisos mientras el arquitecto
argumentaba que los “puentes” ubicados entre las torres
aseguraban la evacuación en casos de incendio.
Sin embargo, no se explicaba que esos “puentes” pueden
transformarse justamente en túneles de succión que
trasladen el humo y el fuego de una torre a otra, ni tampoco qué
sucedería si, como en las “gemelas” de Nueva
York, el incendio era en ambas torres. Probablemente los departamentos
por encima del piso 33 se estén vendiendo con paracaídas,
pero habrá que asegurar que las ventanas basculantes permitan
a los usuarios el lanzamiento adecuado.
El negocio de las torres no sólo atenta contra el patrimonio
cultural y la calidad de vida de nuestra ciudad, sino que también
puede llegar a generar una catástrofe similar a la que
hemos vivido hace un mes. Es tiempo de que se piense más
en el bien común y menos en los brillantes negocios de
arquitectos y empresarios que, atentos a sus ganancias, soslayan
los riesgos de estas decisiones. Está en manos del municipio
hacer respetar sus normas y cambiar aquellas que implican riesgo
a los habitantes. Pero también está en nosotros,
ciudadanos, exigir que se prevean estos problemas, está
en la responsabilidad de los profesionales, empresas de la construcción
e inmobiliarias el tener más respeto por la vida ajena.
Es hora de reflexionar y actuar.

13 de febrero de 2005
España: el incendio en la torre
está controlado pero hay peligro de derrumbe total
El rascacielos Windsor sufrió tres derrumbes parciales
durante la noche. Las autoridades investigan las causas del siniestro.
Suspendieron hasta el miércoles la actividad comercial
y restringieron la circulación en la zona.
Un edificio de oficinas de 106 metros de altura en la zona financiera
del centro de Madrid sufre desde anoche, a las 23:30 (hora local),
un espectacular incendio que amenaza con derrumbarlo.
Las autoridades sospechan que el fuego se originó en un
cortocircuito en el piso 21 de los 32 que tiene el rascacielos.
La Torre Windsor se encuentra en obras desde 2003 y estaba actualmente
deshabitada.
La principal preocupación actual es la toxicidad del humo
que se propaga por la zona norte de la ciudad, y los servicios
de emergencia miden el nivel de contaminación cada diez
minutos.
Todos los edificios residenciales de los alrededores fueron inmediatamente
desalojados, y las calles en el área fueron cortadas, igual
que las tres líneas del subte que pasan por esa zona. También
se cortó el suministro de gas y se prohibió la circulación
de vehículos por el túnel de Azca, una vía
subterránea de cinco kilómetros de longitud que
pasa por las inmediaciones del lugar.
El vicepresidente segundo de la comunidad de Madrid y consejero
de Justicia, Alfredo Prada, señaló que el peligro
de que el fuego se extienda a las los inmuebles colindantes se
ha reducido gracias a la labor preventiva de los bomberos, que
descargaron grandes cantidades de agua sobre los alrededores.
El director general de Emergencias de Madrid, Alfonso del Alamo,
reveló que los bomberos esperan controlar el incendio en
torno al piso 13.
El fuego, que se puede ver desde numerosos puntos de la ciudad,
se propagó rápidamente desde el piso 21 hacio los
demás pisos. Unas dos horas después del inicio del
fuego, partes de la fachada comenzaron a desprenderse, producto
de las llamas, hasta dejar al descubierto la estructura interior
de hormigón.
Un vocero del SAMUR (Servicio de Atención Médica
Urgente) confirmó que hay entre tres y cinco bomberos heridos
leves por inhalación de humo.
Por su parte, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón,
manifestó esta mañana que el fuego del rascacielos
Windsor aún no está controlado y que apagarlo requerirá
horas, y calificó el incendio como el más importante
que ha sufrido la ciudad.
Además anunció que la actividad de los comercios
y de las oficinas situadas en los edificios colindantes a la torre
ha quedado suspendida, al menos hasta el miércoles, y que
habrá cortes en varias líneas de Metro e importantes
restricciones de tráfico como consecuencia de este incendio.
En declaraciones a la prensa en la zona del siniestro, Gallardón
admitió, asimismo, que se investiga si el fuego se produjo
pasadas las 11 de la noche, cuando no había nadie en las
primeras pisos afectadas por el fuego, o si comenzó antes,
cuando podría haber personas en el edificio, con lo que
se contemplaría la posibilidad de una negligencia.
Según el alcalde, los servicios de emergencia fueron activados
a las 23.21, cuando no había nadie en los pisos 21 y 22,
que es donde se originó el incendio. Si el fuego comenzó
a esa hora, continuó, "podríamos hablar de
que la causa es fortuita o técnica", pero si comenzó
antes, cuando "pudiera haber personas, se contemplarían
otras posibilidades, en su caso de negligencia".
Diez horas después de que se iniciara el siniestro, ya
hubo tres derrumbes parciales, que afectaron a las fachadas de
las plantas más elevadas del inmueble. El temor principal
se centra ahora en la posibilidad de que la estructura del inmueble
no resista y pueda derrumbarse la totalidad del edificio.
El presidente español, José Luis Rodríguez
Zapatero, regresó desde Vigo a Madrid para seguir de cerca
los trabajos de extinción. Sin embargo, según voceros
del gobierno, el mandatario y la vicepresidenta, María
Teresa Fernández de la Vega, permanecieron informados de
la evolución del siniestro durante toda la noche.
La Torre Windsor se comenzó a construir en 1973 y se concluyó
en 1979. Está ubicada en la zona financiera de Madrid junto
al conocido Paseo de la Castellana. Junto a ella se encuentran
construcciones emblemáticas de la capital española
como el centro comercial "El Corte Inglés" o
la torre del banco BBVA.
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