REQUERIMIENTOS UNESCO PAISAJE CULTURAL
Por Ramón Gutiérrez, Antonio Elio Brailovsky, Juan
Martín Repetto, Graciela Viñuales, Nélida
Harracá, Patricia Méndez y Florencia Barcina.
Estas reflexiones tienen como objetivo analizar el encuadre que
estamos dando al tema de Buenos Aires “Paisaje Cultural”
a partir de las requisitorias que exige la UNESCO.
Este es el “Escenario” en el cual entendemos debe
plantearse el tema de Buenos Aires “Patrimonio de la Humanidad”,
caracterizado sobre todo en la apoyatura de sus valores patrimoniales
ambientales y construidos, pero articulados por su vida cultural
y social, que en este caso adquiere un papel relevante en la medida
que tiene un reconocimiento universal por la multiplicidad y calidad
de las actividades que se generan en la ciudad.
Este “escenario” se complementa con información
puntualizada que permite ratificar la existencia de un patrimonio
natural y un patrimonio construido de valores históricos
y culturales. No se trata de una alternativa excluyente sino de
una necesaria lectura complementaria para valorar como “Paisaje
cultural” a la ciudad.
(Tomado de “Directrices prácticas sobre la aplicación
de la Convención para la Protección del patrimonio
Mundial”. Centro del Patrimonio Mundial. UNESCO. París.
1999. Artículos 36 a 42)
PAISAJE CULTURAL
Art. 36
Buenos Aires representa una “obra conjunta del
hombre y la naturaleza”. Uno de los elementos de
la naturaleza: el Río de la Plata, uno de los estuarios
más grandes del mundo, define el sitio del emplazamiento,
la vocación portuaria de la ciudad y condiciona no solamente
su desarrollo económico (el puerto como fuente de recursos)
y social (la inmigración de millones de europeos), sino
también la traza y el tejido urbano (sucesivos ensanches
de la ciudad sobre el río). Otro elemento natural, la llanura
pampeana, posibilita la aplicación extensiva de la traza
colonial del damero, extendiéndose en las sucesivas instancias
históricas a partir de una topografía que facilita
el sentido ilimitado del territorio.
Buenos Aires “ilustra la evolución de la
sociedad”, “a lo largo de años”.
El “entorno natural” es agente activo “de
las ventajas y desventajas” en la articulación
entre el soporte natural y el paisaje cultural que la ciudad va
creando. La sociedad de Buenos Aires se conforma a partir de esa
masiva migración de las últimas décadas del
siglo XIX y primeras del siglo XX, como expresión integradora
de la heterogeneidad y de la diversidad cultural. Las ventajas
derivadas del puerto, la capacidad de concentración económica
de la riqueza del país en el período de inserción
en la economía mundial, la potencialidad del Río
de la Plata marcan el carácter de la ciudad. Las desventajas
fruto de las condiciones climáticas (sudestadas), las inundaciones
generadas por los arroyos y zanjones, llevan a estrategias de
entubamiento y a definir el perfil de ciertos barrios porteños
con sus propias características (La Boca del Riachuelo).
“Su valor universal excepcional”
se manifiesta en la articulación de las dos grandes manifestaciones
naturales: el Río de la Plata y la llanura pampeana que
configuran una primera identidad de la ciudad. La traza de base
geométrica, la centralidad de las funciones a partir de
la Plaza Mayor, los procesos de integración arquitectónica
en un paisaje urbano que se aproxima al modelo de las grandes
capitales europeas, la apertura de grandes avenidas (Avenida de
Mayo y 9 de Julio) y la formación de una gran “Reserva
ecológica” sobre el río y muy próxima
al centro de la ciudad, le dan el carácter de “excepcionalidad”.
Su valor universal se refleja en la capacidad de integrar las
diversidades culturales, articulando formas de expresión
cultural propias reconocidas universalmente en su música
(tango), su literatura, la densidad de sus actividades culturales
y los modos de vida variados y expresivos de esas variadas vertientes
étnicas.
La UNESCO no ha valorado en América Latina las ciudades
del siglo XIX (a excepción de Valparaíso) y Buenos
Aires expresa el testimonio más pujante de la ciudad consolidada
en el período de formación de las nacionalidades
americanas. Ciudad capital, valorada desde el siglo XIX como expresión
de la cultura y el progreso y reconocida universalmente por la
singularidad de la conectividad entre la concreción física
de la ciudad, el paisaje natural sobre el que se asienta y la
modalidad peculiar de sus actividades culturales.
Su “singularidad” en el concierto de las ciudades
americanas es su imagen europea, configurada por el trasplante
de los inmigrantes y su cultura, que se “mestizan culturalmente”
con los criollos americanos y forman rasgos especiales de la personalidad
del habitante de la ciudad. “La representatividad
en términos de región cultural claramente definida”
y “su capacidad de ilustrar los elementos culturales esenciales
y distintivos de dichas regiones” está implícita
en esta peculiar manera de testimoniar un proceso universal del
siglo XIX con la movilidad de población y capitales, el
desarrollo de la economía mundial, y el ciclo de urbanización
y de metropolización posterior. Buenos Aires es el mejor
exponente del desarrollo de una ciudad americana en esta interfase
del siglo XIX al XX y los elementos patrimoniales de su arquitectura
y urbanismo así lo evidencian. Los propios elementos naturales,
el Río de la Plata y la llanura pampeana fueron modificados
en este proceso adaptándolos a los requerimientos funcionales
de la nueva urbe (puerto Madero y puerto nuevo, urbanización
de la costa, extensión de la jurisdicción urbana
integrando la llanura pampeana, etc.
Art. 37
“El término “paisaje cultural”
comprende una gran variedad de manifestaciones de la interacción
entre el hombre y su entorno natural”. Efectivamente
Buenos Aires configura una manifestación urbana, sin predominancia
rural aunque durante varios siglos su economía y su sociedad
estuviera articulada a los modos de producción agrícolas-ganaderas.
La interacción entre la ciudad y el Río de la Plata,
o con la llanura pampeana, de la cual aparece como una prolongación
construida, se manifiesta en todos los tiempos históricos
y hasta en nuestros días no faltarán proyectos para
“urbanizar” el río, ni medidas para mejorar
la calidad de vida en el aprovechamiento cultural y social de
las costaneras. Esa visión de un “paisaje cultural”
tomada desde una ciudad y no desde el medio rural, es una de las
posibilidades que la UNESCO está explorando para aquellos
casos donde la actividad del patrimonio cultural tangible e intangible
sirve de elemento de conectividad entre la naturaleza y la obra
del hombre. Buenos Aires al crear en los últimos años
del siglo XX un espacio para la Reserva Ecológica, muestra
la convicción de la importancia de la dinámica entre
la construcción de la ciudad conjuntamente con aquellos
espacios donde la presencia de lo natural adquiere relevancia.
Art. 38
“Los paisajes culturales reflejan a menudo técnicas
concretas de utilización viable de las tierras, habida
cuenta de las características y los límites del
entorno natural”. Buenos Aires, desde las primeras
décadas del siglo XX fue planteando las modalidades de
aprovechamiento de las condiciones naturales del Río de
la Plata. La formación de la Costanera Sur como balneario
y luego de la Costanera Norte como lugar de recreación
(sobre proyecto del paisajista francés Forestier), han
ido generando diversas formas de valoración de estos espacios
naturales. También desde el punto de vista funcional, la
apertura de los canales de acceso al puerto Madero en el XIX,
la localización del gran Hotel de Inmigrantes y la formación
del Puerto Nuevo en el XX, son indicativas de el aprovechamiento
funcional del recurso natural, que se prolongará con la
Ciudad Universitaria y el Parque de los Niños en nuestros
días.
Los procesos de canalización y entubamiento de los arroyos
y zanjones fueron medidas que vinculadas a las obras de infraestructura,
saneamiento e instalación de los servicios ferroviarios
y tranviarios dejaron huellas en la traza urbana y comprometieron
las modalidades de expansión de la ciudad. “La
relación espiritual específica con la naturaleza”
se ha manifestado en rasgos de la psicología social del
habitante de la ciudad (el sentido de infinitud de la pampa, la
necesidad de colocar hitos culturales que equilibren el paisaje
y signifiquen gestos de presencia simbólica, como el Obelisco,
la convicción de que la tecnología resuelve los
problemas derivados de las condiciones naturales como las inundaciones)
“Conservando al mismo tiempo o realzando los valores
naturales del paisaje”. En este sentido la configuración
de la Reserva Ecológica configura un aporte singular, que
unido a los Programas municipales de “Buenos Aires y el
río” y las obras de recuperación de la Costanera
Sur marcan la voluntad de una puesta en valor que deberá
continuarse con el saneamiento del Riachuelo y la solución
de algunas de las canalizaciones. Los trabajos para asegurar las
calidades fluviales del Río de la Plata contribuyen sin
duda al “mantenimiento de la diversidad biológica”
en una de las cuencas más importantes del continente.
Art. 39
Tres Categorías principales de Paisajes Culturales.
i) “Paisaje claramente definido,
concebido y creado intencionalmente por el hombre”.
Buenos Aires es una construcción cultural. Es un paisaje
natural moldeado por el hombre que se verifica en las modificaciones
a la topografía, a la línea de costa y a la construcción
de grandes espacios verdes. El parque de Palermo creado a semejanza
del Central Park neoyorquino, las trazas del paisajista francés
Carlos Thays, los bordes costeros planteados por Forestier y los
concretados por Benito Carrasco. Más del 50% del área
urbana que se considera merece ser nominada “Paisaje cultural”
corresponde a espacios verdes de uso público.
ii) “Paisaje esencialmente evolutivo” que
“ha alcanzado su forma actual por asociación y como
respuesta a su entorno cultural”. En el caso de
Buenos Aires la configuración de la ciudad sobre el río
ha articulado permanentemente el soporte natural con las necesidades
generados por la vida urbana. La dinámica del cambio ha
sido uno de los motores que están implícitos en
la mentalidad del habitante de la ciudad. Las modalidades de uso
han ido generando los cambios en el paisaje. La costa varió
de lugar de pesca y limpieza de ropa, a puerto, luego a balneario,
posteriormente a paseo urbano y parcialmente a la apertura a otras
actividades culturales y deportivas. En las últimas décadas
la recuperación del antiguo Puerto Madero para usos públicos
y la generación de la Reserva Ecológica señalan
las virtudes de esta asociación entre la ciudad y su entorno
natural.
Se trata obviamente de “un paisaje vivo que conforma
su función social activa en la sociedad contemporánea,
estrechamente vinculado al modo de vida tradicional y en el cual
prosigue el proceso evolutivo. Al mismo tiempo, presenta pruebas
manifiestas de su evolución en el transcurso del tiempo”.
La Buenos Aires que se piensa como “Paisaje Cultural”
es una ciudad cargada de esa dinámica vital que potencia
permanentemente los valores de sus modos de vida con la jerarquización
de sus vínculos con el paisaje natural y el espacio construido
de valor patrimonial.
iii) “El paisaje cultural asociativo” basado
en “la fuerza de evocación de recuerdos religiosos,
artísticos o culturales”. Buenos Aires ha
construido imaginarios míticos a partir de la universalización
de su literatura y de las letras del tango. La definición
de “sitios” de la ciudad, de “paisajes”
del centro y del arrabal, De una cultura que se asocia con espacios
inasibles y que evoca acontecimientos artísticos y culturales
de connotación histórica. Esta construcción
de un “paisaje cultural” ceñido por una red
de asociaciones y referencias que potencian la imaginación
y motivan a la valoración del patrimonio intangible como
conector esencial de aquella antigua relación entre el
medio ambiente y la construcción del patrimonio tangible
que ha concretado la comunidad.
Art. 40
“La extensión de un paisaje cultural que
se ha de inscribir en la Lista del Patrimonio Mundial está
delimitada por su funcionalidad e inteligibilidad”.
El área que se ha definido contempla el eje del río
y los procesos de urbanización que lo signan históricamente.
Abarca también aquellos elementos del patrimonio urbano
y arquitectónico que están tutelados por las ordenanzas
de Áreas de Protección Histórica (APH), los
Monumentos Históricos Nacionales y los edificios Catalogados
por el Gobierno de la Ciudad. Incluye los centros de actividad
social y cultural que actúan como fundentes de la integración
entre medio natural y cultural. Finalmente integra buena parte
de los sitios “míticos” de significado simbólico
que hacen de Buenos Aires una leyenda universal construida por
la literatura, los viajeros, los cronistas y la letra popular
de los tangos. Por lo tanto “representa la totalidad
del paisaje cultural que ilustra”. Se ha adoptado
el criterio de la continuidad geográfica y la formación
de un espacio que testimonia el conjunto de los valores. Esta
área no descarta la generación de otros “itinerarios”
sesgados que permitan potenciar las diversas lecturas del “paisaje
cultural” de Buenos Aires.
Art. 41
“Criterios generales para la conservación
y la gestión”. Justamente el área
propuesta para la declaratoria es una zona que está sujeta
a “protección jurídica y contractual
y de protección tradicional adecuada y de mecanismos de
gestión”. El deslinde de la misma está
alcanzada por las normativas urbanas vigentes a escala del Gobierno
de la Ciudad, así como las declaratorias de Monumentos
Nacionales y de las de protección de edificios públicos.
El área será definida desde el punto de vista jurídico
y se propone una autoridad de aplicación específica
para asegurar su tutela y puesta en valor. Esta inserta dentro
de las normas de planificación urbana vigentes y algunos
distritos involucrados tienen ordenanzas específicas (APH,
Área de Centro Histórico, Legislación ambiental)
y por ende estará “claramente especificada en la
propuesta de inscripción”.
Art. 42
“La existencia de una categoría de “paisajes
culturales” incluida en la Lista de Patrimonio Mundial,
no debe excluir que se sigan inscribiendo sitios de importancia
excepcional en relación con criterios aplicables a los
bienes tanto naturales como culturales. En tales casos, su valor
universal excepcional debe justificarse con arreglo a ambas categorías
de criterios”.
Entendemos que Buenos Aires puede presentar valores excepcionales
en elementos naturales como el Río de la Plata, una de
las cuencas fluviales más grandes o la llanura pampeana
y obviamente también desde el punto de vista del patrimonio
cultural, tanto en lo urbanístico como en lo arquitectónico
y artístico.
LOS ESCENARIOS CONVERGENTES:
BIENES CULTURALES Y NATURALES
Como complementación a esta valoración integradora
del Paisaje Cultural, hacemos un análisis de los elementos
que permiten comprender los requisitos patrimoniales que confluyen
en la Ciudad de Buenos Aires. De todos modos estos bienes culturales
adquieren su carácter de referencia e identidad en la medida
que existe una vital relación con los mismos dada por la
población en sus manifestacionse de apropiación
y tutela. Por lo tanto son “ellos y sus circunstancias”.
(Para su caracterización hemos tomado los artículos
24 a 29 de ese mismo Documento de UNESCO)
Bienes Culturales
Si nos remitimos al Art. 24 de la Convención exige para
monumento, conjunto o lugar un valor universal excepcional. En
este sentido es clara la diferencia de Buenos Aires con otras
ciudades del continente que han sido declaradas como Centros Históricos
por la importancia de su arquitectura colonial. Buenos Aires nos
muestra sin embargo una arquitectura de gran calidad correspondiente
a las últimas décadas del siglo XIX y comienzos
del siglo XX.
Ellas, fruto del proceso de integración al mercado mundial,
a la asociación con el gusto francés impulsado por
la École des Beaux Arts y al prestigio urbano de París
que actuaba como modelo, se potencia con las transferencias tecnológicas
británicas, y profesionales de diversas partes de Europa
que definen el carácter “cosmopolita” de la
ciudad. Por ello Buenos Aires atestigua superlativamente “un
intercambio de influencias considerable durante un período
concreto o en un área cultural del mundo determinada, en
los ámbitos o la tecnología, las artes monumentales,
la planificación urbana, la creación de paisajes”
(Art 24 a)ii)
Algunas de las obras arquitectónicas de Buenos Aires como
el palacio de las aguas Corrientes o el primer tren subterráneo
(1913) constituyen ejemplos “eminentemente representativos
de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico
o tecnológico, o de paisaje que ilustre uno o varios períodos
significativos de la historia humana”. (Art. 24 a) iv).
Su planificación urbana con la adaptación de la
cuadrícula hispana a la planicie pampeana y el crecimiento
constante sobre el río “representa un ejemplo
destacado de formas de asentamiento humano o de utilización
de las tierras representativa de una cultura” (Art. 24 a)
v).
La condición central de Buenos Aires para ser nominada
reside en la vitalidad de su actividad cultural y la capacidad
de la misma para integrar los elementos de su patrimonio natural
y cultural. Los bienes culturales adquieren la calidad de patrimoniales
en el mismo momento en que son valorados, reconocidos y utilizados
por la comunidad. De esta forma confieren identidad a la sociedad
y a la vez testimonian a la misma en su desarrollo histórico-cultural.
Buenos Aires vive estas condiciones pero además potencia
otras formas de relación mítica y simbólica
de los habitantes con su ciudad, que se expresa en lugares concretos
(bares, café, esquinas, clubes) o en “no lugares”
que forman parte de un imaginario literario y que en definitiva
son “sitios de la memoria” urbana.
Por ello la ciudad cumple claramente con el requisito de “estar
directa o materialmente asociado con acontecimientos o tradiciones
vivas, ideas, creencias u obras artísticas y literarias
que tengan un significado universal excepcional” (Art. 24
a) vi)
La arquitectura de Buenos Aires de sus diferentes períodos
históricos responde al criterio de “autenticidad
en lo relativo a su concepción, sus materiales, su ejecución
o su entorno y, en el caso del paisaje cultural, en lo referente
a su carácter o sus componentes distintivos” (Art.
24 b) i). En la zona definida para la Declaratoria se
incluyen obras correspondientes a los siglos XVIII al XXI y un
conjunto relevante de ellas configuran una expresión calificada
de la arquitectura continental de los siglos XIX y XX. Es posible
leer en esta arquitectura las distintas influencias de los modelos
decimonónicos desde el academicismo al eclecticismo y encontrar
ejemplos sobresalientes de la arquitectura neocolonial, racionalista,
art déco y del movimiento moderno. En general se trata
de obras de gran calidad de construcción y que responden
a muy variadas tipologías. La ciudad es en cierta manera
un museo de arquitectura donde es posible leer los cambios de
gusto y sensilbilidad de sus comunidades y a la vez entender los
valores simbólicos, históricos, culturales y económicos
que estas arquitecturas reflejan. Por ello la autenticidad de
las mismas las convierte en testimonio de las identidades históricas
acumuladas.
Similares consideraciones pueden hacerse si nos remitimos al Art.
27, referente a “Conjuntos urbanos”.
Estamos en Buenos Aires reconociendo meramente obras de valor
singular sino conjuntos urbanos que van desde fragmentos de valor
arquitectónico-artístico hasta barrios con diversidad
de modos de vida y de paisaje urbano. La riquezas de escenas urbanas
que ofrece Buenos Aires es justamente uno de los elementos a rescatar.
Se trata no solamente de asentamientos desarrollados en diversos
tiempos históricos (como el Barrio Sur y el Barrio Norte)
sino también con expresión diferenciada de valores
sociales y culturales (La Boca o Palermo). Estos conjuntos constituyen
testimonios vivos de la diversidad cultural y de la pluralidad
de identidades que garantiza la cultura de Buenos Aires.
Buenos Aires es una ciudad histórica “viva
que por su propia naturaleza, han evolucionado y evolucionarán
de resultas de mutaciones socioeconómicas y culturales.”
Es cierto que ello “hace más difícil cualquier
evaluación en función del criterio de autenticidad
y más aleatoria cualquier política de conservación”
como señala el Art. 27 ii, pero a la vez enriquece las
posibilidades de entender las variadas autenticidades que ofrece
el patrimonio y las distintas formas de intervención sobre
el mismo a partir de criterios claros de conservación.
La ciudad como un cuerpo vivo en permanente cambio nos exige en
esta política de valoración patrimonial, la capacidad
de contextualizar las expresiones culturales de nuestro tiempo
histórico con respeto al patrimonio que heredamos. Solo
de esta manera aseguramos que estamos construyendo el patrimonio
del futuro.
Con claridad señala la UNESCO que “En el
caso de las ciudades históricas vivas las dificultades
son múltiples, fundamentalmente a causa de la fragilidad
del tejido urbano (que ha sufrido a menudo grandes trastornos
desde el comienzo de la era industrial) y de la urbanización
galopante de las periferias. Para ser incluidas en la Lista, las
ciudades deberán destacarse por su calidad arquitectónica
y no podrán evaluarse solamente desde un punto de vista
abstracto en función del papel que puedan haber desempeñado
en el pasado o como símbolos históricos” (Art.
29) Justamente en el caso de Buenos Aires se está
ponderando una valoración actual de la ciudad, en términos
de aceptar los procesos históricos en sus factores positivos
y negativos, en la medida que la construcción cultural
de una sociedad heterogénea ha ido dejando huellas de esos
procesos de cambio. La Traza es el elemento más persistente
junto con los contextos naturales que dan origen y posibilitan
la evolución de la ciudad: Río de la Plata y pampa.
La propia traza muestra las huellas ideológicas de la planificación
urbana (avenidas y diagonales), de la presencia del equipamiento
e infraestructura (vías férreas y autopistas) y
de las transformaciones de los modos de vida (terciarización
de “la city”). El tejido urbano se ha fragmentado
por la valorización de la tierra y la densidad de la construcción
ha cambiado el perfil de ciertas áreas, todo ello representa
la posibilidad de entender los cambios urbanos y expresan los
valores de la sociedad en sus diversos tiempos históricos.
El paisaje urbano de Buenos Aires configura así, en un
área ponderada por las calidades de sus ejemplos arquitectónicos
puntuales y de sus conjuntos, una alternativa de valoración
de la ciudad cuando define su rol de capital del país y
el ejercicio de esa misma gestión a través del tiempo.
ESCENARIO AMBIENTAL
Con respecto a los criterios para la inscripción de bienes
pertenecientes al patrimonio natural en la Lista del Patrimonio
Mundial, la UNESCO establece que para considerarlo de un valor
universal excepcional, debe cumplir con por lo menos uno de cuatro
criterios generales. Entre los mismos, cabe mencionar:
ART. 44:
“iv) contener los habitat naturales más
representativos y más importantes para la conservación
in situ de la diversidad biológica, comprendidos aquellos
en los que sobreviven especies amenazadas que tienen un valor
universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia o
de la conservación”.
Vale la pena tener en cuenta que el aporte de la casi totalidad
de las grandes ciudades del mundo a la conservación de
la diversidad biológica puede considerarse insignificante
si se tiene en cuenta que el grado de antropización que
produce la urbanización se manifiesta en la desaparición
de la mayoría de las especies propias de la zona frente
al avance del hombre como especie dominante.
Sin embargo, la existencia dentro de la Ciudad de Buenos Aires
de una reserva ecológica con las características
de la Reserva Ecológica Costanera Sur proporciona un carácter
diferente y excepcional a esta Ciudad en cuanto a la posibilidad
concreta de contribuir a la conservación de la biodiversidad.
Un análisis de los ambientes característicos de
la Reserva muestra el carácter significativo del aporte
de la Ciudad de Buenos Aires a la conservación in situ
de la diversidad biológica.
· Áreas Lagunares
Se trata de cuerpos de agua estancos, de carácter permanente
o temporario. La escasa profundidad favorece el desarrollo de
plantas microscópicas, palustres, sumergidas y flotantes
como helechitos de agua, lenteja de agua y repollito, conformándose
una serie de ambientes diferenciables según la vegetación
dominante. En las orillas de las lagunas se instalan juncales,
totorales y otras plantas arraigadas.
Es común encontrar en estos ambientes numerosas aves acuáticas;
se reconocen más de 250 especies de aves aunque no todas
están presentes en la misma época del año,
ni representada por el mismo numero de ejemplares: algunas forman
grandes bandadas; de otras solo pueden verse grupos pequeños
o individuos solitarios.
Las aves se desplazan libremente. Algunas especies encuentran
aquí alimento y refugio durante los meses de invierno.
Otras solo se detienen brevemente haciendo un alto en sus migraciones
anuales. Pero hay muchas que permanecen en la reserva todo el
año, nidificando y criando sus pichones.
La mayoría son autóctonas de las lagunas pampeanas,
el macá, el biguá, especies buceadoras, la garza
mora y garza blanca, pato sirirí pampa y el majestuoso
cisne de cuello negro, pato capuchino (Anas versicolor), gavilán
caracolero (Rosthramus sociabilis, carao (Aramus guarauna, gallaretas
(Fulica sp), polla de agua (Gallinula chloropus), jacana (Jacana
jacana), gaviota de capucho (Larus maculipennis),
También se encuentran mamíferos como el coipo (mal
llamado Nutria) y reptiles como la tortuga de agua y el lagarto
overo, también llamado "iguana". Aquí
la fauna encuentra refugio para la construcción de sus
nidos o madrigueras.
Más difíciles de observar, otros grupos zoológicos
también están presentes: varias especies de peces
y abundantes anfibios representados por la rana criolla, que vive
en lagunas y charcos temporarios, la rana del zarzal que tiene
la capacidad de cambiar el color de su cuerpo de acuerdo al sustrato
en donde se encuentre, variando desde el verde brillante hasta
el marrón y el sapito cavador que habita en los pantanos
temporarios y campos inundados, y cuando no se reproduce permanece
en cuevas que excava con sus patas posteriores.
Existen además innumerables insectos y otros invertebrados
que pueden descubrirse en el agua, entre la vegetación
o atravesando los caminos.
· Área caminos o terraplenes
Con una variada flora, poseen predominio de especies exóticas
como el ricino y el Paraíso. Entre las autóctonas
se encuentran el ceibo y la cina-cina. El arbustal de chilca se
desarrolla en suelos arenosos, formando una cubierta densa, muchas
veces pura, careciendo prácticamente del estrato herbáceo.
Desde los caminos se puede observar una gran variedad de árboles,
hierbas y arbustos típicos del delta y la ribera rioplatense.
· Área de pastizal.
Está formada por pastos gigantes llamados cortaderas o
cola de zorro, debido al brillante y plumoso penacho donde se
encuentran las semillas. Aquí es muy común observar
verdones y picos de plata, donde se alimentan, descansan y se
reproducen.
Entre las matas de pasto habitan ratones de campo que por su
color pasan desapercibidos para todos, menos para su predadores:
gavilanes y culebras. En el cortaderal se encuentra al acecho
la yarará o víbora de la cruz, que se alimenta principalmente
de aves y roedores. También es común ver en este
mismo ambiente a la culebra verde, la cual suele encontrarse enroscada
sobre las cortaderas como si fuese una hoja más.
· Áreas de bosques
Presentan una composición homogénea, como el bosque
de aliso, muy común en el noreste argentino, y el bosque
de sauce, que desde el río Chubut hasta el norte del país
está presente en todos los cursos de agua. Están
combinados con varias especies vegetales como el pasto de los
bañados, que al secarse forma la mayor parte del piso del
bosque.
Es muy frecuente encontrar merodeando en estos ambientes, zorzales,
tacuaritas, carpinteros reales, y alguna lechuza de los campanarios.
Este ambiente se convertirá con el tiempo en selva marginal,
tal como existía antiguamente bordeando el Río de
la Plata, proceso aún incipiente
En los bosques se pueden diferenciar cinco estratos: muscinal,
herbáceo, arbustivo, arbóreo, y epífitico.
Comparativamente el sauzal es más rico que el alisal en
plantas epífitas, como el clavel del aire y trepadoras.
En síntesis, este predio de 350 ha, con más de
250 especies de aves y más de 150 especies de otros animales,
es el mayor espacio verde urbano y reservorio natural de flora
y fauna nativa. Todo esto a tan sólo 5 minutos del gigante
de hormigón y asfalto que es la ciudad de Buenos Aires.
No se trata de especies amenazadas, pero sí de formaciones
ecológicas amenazadas. El avance de la urbanización
ha hecho desaparecer la casi totalidad de las formaciones ecológicas
equivalentes que existían sobre la costa del Río
de la Plata. Subsisten algunas de ellas por separado, pero la
integralidad del sistema que incluye lagunas, bosques y pastizales
es una característica distintiva de la Reserva Ecológica
Costanera Sur.
Por otra parte, también debe mencionarse la importancia
ecológica del Río de la Plata. El Plata y sus afluentes,
al igual que el Amazonas, posee una compleja relación biológica
con sus márgenes, lo que hace especialmente importante
la conservación conjunta.
La extrema turbiedad natural de las aguas del Río de la
Plata impide que se desarrolle el proceso de fotosíntesis,
que es la base de la pirámide alimentaria en la mayor parte
de los cursos de agua del mundo. En consecuencia, los peces, crustáceos,
mamíferos y demás seres vivos del río dependen
de las costas para su alimentación. Los frutos que caen
al agua desde los bosques de ribera y la materia orgánica
que obtienen los peces cuando "suben" a la costa durante
las crecidas periódicas y durante las pleamares, son dos
ejemplos de las innumerables interacciones entre la costa y los
seres vivos del agua[i].
Para referirnos a un par de casos concretos, en el ecosistema
originario, los cangrejos costeros comen los detritos del río
y varias especies de peces aprovechan la marea alta para comer
los cangrejos. Asimismo, las lagunas costeras sirven de habitat
a diversas especies de aves que se alimentan de los peces del
río.
La artificialización de la mayor parte de la costa argentina
del Río de la Plata ha detenido este proceso natural y
ha obstaculizado esa relación biológica, lo que
plantea el riesgo de empobrecimiento de la diversidad biológica,
tanto del río como de la costa. El establecimiento de la
mencionada área de conservación costera en la Ciudad
de Buenos Aires permite mantener los procesos ecológicos
esenciales que se mencionaron más arriba.
De este modo, la Ciudad de Buenos Aires contiene “los
habitat naturales más representativos y más importantes
para la conservación in situ de la diversidad biológica”
de su área natural.
ii) “ser ejemplos eminentemente representativos
de procesos ecológicos y biológicos en curso en
la evolución y el desarrollo de los ecosistemas y las comunidades
de vegetales y animales terrestres, acuáticos, costeros
y marinos.”
Como se señaló anteriormente, en el caso de los
ecosistemas de la Reserva Ecológica Costanera Sur, se trata
de formaciones ecológicas en evolución, las que
probablemente aún no hayan alcanzado su etapa clímax
y se espera que se desarrollen aproximándose cada vez más
a los ecosistemas originarios de la región. Es decir, los
que existían con anterioridad a la fundación de
la Ciudad de Buenos Aires. No hay ninguna gran ciudad en el mundo
que tenga en su interior testimonios tan representativos del medio
natural existente antes de su fundación.
Por supuesto, que cuanto más se desarrolle el mencionado
ecosistema hasta llegar a su fase clímax, más complejas
serán sus interacciones con el Río de la Plata y
mayor será su contribución a la conservación
del mismo.
Por otra parte, su excepcionalidad se refuerza por tratarse de
un proceso de naturalización, en el cual un relleno artificial,
efectuado con restos de demolición, fue colonizado por
formaciones vegetales que fueron conformando los ecosistemas actuales.
Es decir, que se trató del proceso inverso al que se registra
en todo el mundo, de progresiva artificialización de los
paisajes y las formaciones naturales.
iii) “representar fenómenos naturales o
áreas de belleza natural e importancia estética
excepcionales”.
Desde el punto de vista paisajístico es también
excepcional la imagen que el visitante de la Reserva puede tener
del imponente perfil de los altos edificios de la Ciudad a través
de las cortaderas, los bosques y lagunas, imposible de encontrar
en otra ciudad del mundo.
Las personas que se encuentran en ese punto, pueden contrastar
en el mismo golpe de vista dos paisajes que en cualquier otro
contexto estarían separados por cuatro siglos de distancia:
un paisaje natural muy semejante al que vieron los fundadores
de la Ciudad de Buenos Aires en 1580 y, simultáneamente,
el perfil de rascacielos de una gran ciudad del siglo XXI.
Con respecto al paisaje del Río de la Plata, puede destacarse
su excepcionalidad, Se trata de una masa de agua dulce, de la
cual no alcanza a verse la orilla opuesta. Esto genera un sentimiento
de inmensidad, que suele asociarse habitualmente a paisajes marinos,
antes que a paisajes fluviales.
Curiosamente, el paisaje pampeano, de una enorme llanura, sin
accidentes geográficos significativos, provoca sentimientos
parecidos. Descripta como "el mar en la tierra", Humboldt
dijo que la pampa "despierta el sentimiento del infinito".
Con respecto a las condiciones de integridad, establecidas en
los ítems del párrafo 44 b), podemos destacar el
cumplimiento de las siguientes:
ii) "Los sitios descriptos en el párrafo
44 a) ii) habrán de ser bastante extensos y contener los
elementos necesarios para ilustrar los principales aspectos de
esos procesos esenciales para la conservación a largo plazo
de los ecosistemas y de la diversidad biológica que contengan".
En la Ciudad de Buenos Aires el área de conservación
incluye la costa del Río de la Plata y la totalidad de
las formaciones naturales costeras: lagunas, pastizales y bosques.
Por otra parte, el tamaño de las áreas protegidas
es suficiente como para asegurar su sustentabilidad natural.
iv) "Los sitios descritos en el párrafo 44
a) iii) deberán tener un valor estético excepcional
e incluir zonas cuya conservación sea esencial para la
salvaguarda de la belleza del sitio".
Tal como se indicó más arriba, la conservación
abarca todas las zonas naturales del área, lo cual permite
salvaguardar adecuadamente la belleza del sitio.
v) “Los sitios descritos en el párrafo 44
a) iv) comprenderán hábitats que permitan preservar
la mayor diversidad posible de animales y vegetales característicos
de las provincias y ecosistemas biogeográficos que abarquen".
Este aspecto ha sido respondido en los párrafos anteriores,
al señalar que el área protegida abarca la totalidad
de las formaciones naturales de la zona, "En el caso
de las especies migratorias, los lugares de reproducción
y nidificación estacional y las vías migratorias,
cualquiera sea su localización, deberán ser objeto
de una protección adecuada". La protección
de la Reserva Ecológica Costanera Sur está integrada
por:
· La Ordenanza de creación de la Reserva.
· La correspondiente estructura administrativa y su asignación
presupuestaria.
· Plan de Manejo aprobado
y en ejecución.
· El otorgamiento de rango constitucional a dicha protección.
· El proyecto (en vías de implementación)
de pedir la declaratoria de la Reserva como Sitio Ramsar.
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[i] Foguelman, Dina y Brailovsky, Antonio Elio: "Buenos
Aires y sus ríos", Buenos Aires, Lugar Editorial,
1999.
Temas relacionados:
Protección Internacional -
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